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31 de enero de 2008

Noticias desde el Mundo del Revés

Estimada María Elena:

Te cuento que debo tener aproximadamente un año y pico de vida. Digo aproximadamente por que se me hace difícil saber con precisión mi edad. Pero esto no me preocupa, por que es algo muy común, que les pasa a todos.

El tema por el cual te escribo, y que me sí me tiene bastante angustiado es otro: tengo serios problemas de comunicación con todo el mundo. Yo hubiera pensado que a esta altura de mi vida estaría mucho más avanzado en esta materia, y siento que mis padres esperaban mucho más de mí. Sobre todo mi papá grande, que ya no me tiene paciencia y casi ni me habla y tampoco me juega.

Yo me hago entender bastante bien, digamos que tengo mi propio idioma, saben interpretar cuando quiero comer, cuando quiero dormir, jugar o cuando quiero salir a pasear.

Mi mamá es la única que se ocupa de mí. Pero creo yo que por obligación. Me da de comer, pero me deja el plato de comida y se va. Ya no juega conmigo. Nadie juega conmigo. Ni siquiera mi papá chico. Y no sé bien por qué.

Estuve pensando y llegué a la conclusión de que el problema es que no me gusta que me hablen bajito y en cambio sí me encanta cuando me gritan. Cuando mis papás se me acercan y me hablan bajito les pido que me hablen más fuerte. Pero para que me entiendan tengo que gritárselos bastante tiempo, y recién ahí empiezan a hablar fuerte, pero ponen cara fea. Yo enseguida dejo de gritar por que me gusta cuando hablan fuerte, pero se ve que a ellos no, por que siempre que lo hacen levantan la mano como si fueran a pegarme. Mi papá grande ya me pegó dos veces en la boca. A mi me dan ganas de morderlo cuando hace eso, pero no lo quiero lastimar. Yo soy chiquito pero igual tengo una mordida bastante fuerte. Además, todos mis amigos de la plaza que me contaron que mordieron a sus papás, al poco tiempo dejaron de llevarlos. Y tampoco los veo en su casa. Por ejemplo a Gastón, que vivía enfrente de la plaza y siempre estaba asomado a las rejas, por que vivía afuera de la casa junto con el auto, ya no lo veo más. Y él me contó que había mordido a su papá chico.

En fin, yo creo que uno de estos días me voy a escapar. Estoy armando un plan. Hay una ventana en el piso de arriba que me di cuenta que da al techo de la casa de al lado, y desde ese techo después puedo saltar a un árbol en la vereda que creo puedo destrepar fácilmente. El problema es que la ventana es un poco alta para mí, pero me estoy ejercitando, saltando mucho, y cada vez más alto. Ya me falta muy poquito para alcanzarla.

Bueno, no se si podré volver a escribirte, ya que no se cuál será mi suerte fuera de esta casa.

Te mando unas movidas de cola y unos lambeteos.
Un perro pequinés

1 comentario:

  1. Qué dulce relato, me enterneció la historia. Te dejo un saludo.

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