Se produjo un error en este gadget.

26 de noviembre de 2008

El Codo

Hace un año Joaquín sumaba un motivo más para odiar las Navidades. Hasta entonces sólo detestaba reencontrar a su familia. Se sentía obligado a justificar que su año no había pasado en vano una vez más. Poco le importaba saber qué era de la vida de sus primos y tíos, pero no tenía más remedio que preguntar. Peor era contar qué era de la suya.

Tres o cuatro meses antes de fin de año empezó a planificar su racconto. Repasó mes a mes buscando acontecimientos mínimamente dignos para magnificarlos y anotarlos en su anuario. No tenía pruritos en tomar vidas ajenas a falta de una propia. Mujeres hermosas y éxitos laborales eran sus préstamos más corrientes. Llegado el 15 de diciembre tenía su collage terminado y estudiado. 

Joaquín tenía veintidós años, vivía con sus padres y aun hablaba como un adolescente perturbado: con monosílabos. “Más o menos, en realidad nada serio” era su respuesta más extensa. Esto permitía a su interrogador completar a su gusto los espacios vacíos. “Me parece genial, no estás en edad de tener una novia formal, hacés bien che, si yo tuviera 22 haría lo mismo, saldría con todas las minas que me dieran bola.” Joaquín asentía. Jamás revelaba detalles de la historia que había armado. Sólo necesitaba tenerla de respaldo, para que nadie notara que su más o menos, en realidad nada serio era una fachada. Si su torturador llegaba a acorralarlo, podría relatar una historia sólida, sin fisuras.

Al tormento rutinario y controlado de todos los años, la Navidad de 2008 agregó una persona que provocó que la miseria de ese día apestara el resto de los 364. Marina, una de sus primas mayores que tendría entonces unos treinta años había vuelto de Madrid. De chicos, Joaquín y Marina habían compartido varias vacaciones. A pesar de la diferencia de edad les gustaba pasar el tiempo juntos. Se tenían un cariño especial. Catorce ella y seis él o dieciocho ella y diez él. La relación evolucionaba, pero nada cambiaba. A Marina le gustaba sentirse una madre protectora y Joaquín creía estar enamorado de su prima. Hace diez años se fue a España y desde entonces no supo más de ella.

Ni bien entró a la casa de su tío Alberto se vieron. Marina estaba hermosa, con su abundante pelo rubio, ondulado y largo casi hasta la cintura. Voluptuosa, tetas perfectas, una piel que daba envidia, alta, un culo que hasta con un jogging tres talles grande se vería sensual. Se abrazaron al grito de “¡primo!” y “¡prima!” durante varios segundos. Sintió sus pechos duros aplastarse contra el suyo. “Qué bien le quedaron”, pensó.

-         ¡Qué lindo estás primo! ¿No te parece? – le pregunta al hombre que la acompañaba, quien no soltaría la mano por el resto de la noche. Él lo mira y sonríe tímido. – Perdón, los presento: Borja, mi novio... Joaquín, mi primo preferido.

Borja era lo que Joaquín pensaba del novio perfecto. Facciones delicadas pero masculinas, alto pero no tanto, espalda proporcionada, fibroso. Las venas sobresalidas de sus antebrazos denotaban que bajo la remera tenía un cuerpo tallado, sobre el cual se podría señalar a punta de regla cada músculo que lo componía. Cuando sonreía sus ojos se achinaban, sus dientes brillan: sonrisa genuina y contagiosa. Voz grave y serena. Transparente, inmaculado. El novio perfecto con la prima perfecta.

Compartieron con Joaquín la misma mesa. Marina y Borja no se separaron en toda la noche. Esto lo puso muy incómodo. Su presencia, la de él, lo inhibía, lo ponía nervioso. Casi que tartamudeaba. Evitaba mirarlo, solo le hablaba a su prima. Pero él jamás le soltaba la mano. Sentía ganas de cortársela. “¿Es necesario que estén todo el tiempo pegoteados? Ya todos entendimos que se quieren...” pensaba mientras simulaba escucharlos. Además de atractivo Borja era extremadamente carismático. Con su acento español contaba historias y la mesa entera lo escuchaba. Lograba que rieran cuando lo disponía. Estaban fascinados. Cada tanto se miraban. Sus ojos brillaban, los de ella, y sus ojos reían, los de él. Joaquín sentía unos celos furiosos.
La noche terminó sin mayores sobresaltos. Marina y Borja volverían a Europa para Año Nuevo, y otra vez perderían contacto. Joaquín no podía dejar de pensar en su prima y ese novio perfecto. Recordó lo enamorado que estaba cuando niño. Sentía que algo similar le pasaba ahora. 

Los días y los meses pasaron y seguía pensando en ella. Aunque lo intentaba no podía quitarlo a él de sus pensamientos. La frustración y la impotencia de tener un amor prohibido, le quitó las ganas de todo. Salía de su cuarto para ir a la facultad y regresaba. Había perdido todo interés en las mujeres. No entendía bien por qué, simplemente no las encontraba atractivas. Ninguna estaba a su altura. Ninguna tenía su sonrisa, su carisma. 

Y poco más pasó en el año. Aceptó los antidepresivos que le ofreció su madre, hasta que llegó diciembre. Tenía miedo a preguntar y, tangencialmente, sacaba el tema.

-         No sé quiénes somos este año. Los de siempre me imagino.
-         Ah. No... Bueno, el año pasado también estuvo Marina.
-         Si. Pero no se si vendrá este año de nuevo. ¿Por qué?
-         No. Para saber.
-         ¡Rodo! ¿Sabés si este año también viene Marina para Navidad?

El padre desde el living respondió que sí. Como hacía mucho tiempo su madre lo vio sonreír. Joaquín se levantó y corrió a su cuarto. Estaba agitado, podía contar sus pulsaciones con solo mirarse la muñeca. “¿Vendrá con Borja o sola?”. No se atrevía a preguntarlo. No quería.

Como nunca antes ayudó a su madre a preparar salsas, ensaladas, a cortar el pollo. Descargaba su ansiedad en los preparativos, ya no soportaba quedarse en su habitación.

Finalmente llegaron a lo del tío Alberto. Dejó entrar primero su madre, después a su padre, y luego él. Quería disfrutar lo máximo posible la adrenalina de lo incierto. Marina estaba de espaldas, conversando con tíos y primos. Sola. Hermosa como siempre, con sus uñas largas y perfectas, con ese pelo brillante, envidiable. Se saludaron con un abrazo reparador, queriendo compensar los días sin verse. Sus tetas seguían duras, en su lugar. Durante un tiempo inacabable hablaron nimiedades. Ella no hablaba de él. Él no se animaba a preguntarle por él. Empezaba a creer que efectivamente estaba sola. Nada le interesaba sobre la repercusión de los artículos que había escrito, ni los premios ganados. “¿Ya lo viste a Borja?”, pregunta ella. Se queda mudo, niega con la cabeza y empieza a ver a su prima desenfocarse. Cierra los ojos y los vuelve a abrir, seguía viendo nublado. Le empezó a costar respirar bien. Siente su cabeza pesada, caer hacia atrás, y su cuerpo sin fuerzas para sostenerla. “¿Joaquín estás bien?”, le pregunta ella al verlo pálido. “Sí, sí. Estoy bien. Mejor voy a mojarme un poco la cara.” Va hacia el baño, todavía mareado. Abre la puerta y entra. Al cerrarla lo ve a Borja lavándose las manos. Se miran. Joaquín se quedó duro con los brazos detrás suyo, aferrado a la manija de la puerta. Borja incómodo, al notar que el primo de su novia no reaccionaba, ni pedía perdón, ni se iba al ver el baño ocupado, lo saluda. “Hola...”, no recordaba su nombre, y Joaquín no respondía. Se empezó a agitar. Su corazón le golpeaba las rodillas. “¿Te sientes bien? ¿Necesitas que te ayude con algo?”. Él no respondía, pero empezaba a sentirse mejor. Su voz suave lo tranquilizó. “No, no. Un poco mareado, pero estoy mejor... hola Borja”, le dice mientras sonreía. Él le devuelve la sonrisa, achina sus ojos. Él los ve brillar. “Ven, te acompaño a buscar un vaso de agua o algo fresco, el calor te debe haber hecho mal”, y lo toma del codo para guiarlo de salida. Joaquín mira su mano, sobre su brazo. Mira las venas de su brazo, imagina su pecho bajo la remera, lo piensa desnudo. Lo mira a los ojos, le agarra la mano. Quiere besarlo. “Ya estoy mejor, te agradezco. Me lavo un poco la cara y salgo.”, le dice, y Borja sale. Moja su cara. Se mira al espejo. Se siente mejor.

3 comentarios:

  1. waw! amazing ... quien lo hubiera dicho!
    beso.

    ResponderEliminar
  2. hmmm ya me parecía que tanta preocupación por los músculos no era pura coincidencia!!
    ^__^
    lo único que me hizo ruido fueron algunos cambios en los tiempos verbales. cito:
    "Le empezó a costar respirar bien. Siente su cabeza pesada, caer hacia atrás, y su cuerpo sin fuerzas para sostenerla."
    las dos oraciones están en tiempos distintos y me confundió un poco, no mucho, sólo que la neuronita dijo: ¿y acá que pasó?
    el resto tiene gancho, como siempre no pude parar de leer hasta el final, y eso que estoy muerta de hambre!!!
    besos RF!

    ResponderEliminar
  3. humm... tiempos verbales. Los odio, mi peor enemigo. Tengo un serio problema con ellos, y debiera ser algo simple, regla única: mantener el tiempo verbal. Estuve reflexionando al respecto, pero aun no llegaré a ninguna conclusión. =0S

    ResponderEliminar

Se produjo un error en este gadget.