Queso crema cuyo objetivo primario consistiría en ser untado en tostadas. En el manual de uso jamás publicado, se recomienda combinarlo con cualquier tipo de mermeladas. Un grupo de personas que se consideran culinariamente osadas y transgresoras, lo mezcla con dulce de leche, obteniendo una pasta de sabor exquisito y, según su percepción, indescifrable. ¿Qué es, cómo lo hiciste, qué tiene, qué le pusiste?, son la preguntas que imaginan recibirán quienes preparan esta mixtura. Lo que esta gente no sabe, es que al preparar la mezcla, sólo esta devolviendo el queso crema a su estado primario. En los orígenes, hace ya más de dos mil años sólo existía el mendileche. En un proceso químico fortuito, los irlandeses hermanos Chok O’Cake, lo separaron en Mendicrim y Dulce de Leche. Desde entonces existe un grupo secreto, que opera en las sombras, cuyo objetivo es mantener oculto el origen de este queso crema. Se infiltran en reuniones, fiestas y agasajos en los que esta mezcla está presente, y son ellos quienes preguntan ¿qué es, cómo lo hiciste, qué le pusiste?, con el objeto de instalar en el inconciente colectivo el desconocimiento y la sorpresa al probar esta mezcla, el mendileche.
31 de agosto de 2009
3 de junio de 2009
30 de mayo de 2009
Revuelto Gramajo
La primera vez que vendí algo, a mis diecisiete, fue una promesa de sexo oral; y todo lo sucedido en el último tiempo, quince años después, me remonta a ese día. “Por trescientos pesos yo hasta te dejo que me la chupes”, dije riendo, aferrado a Marcos, intentando no vomitar la escasa comida que mi estómago, irritado por sustancias nocivas, quería expulsar. Marcos era preparador físico en All Boys, club en el cual jugaba en aquel entonces. Era algo más grande que yo, pero al poco tiempo de conocernos nos llevamos muy bien. Después de entrenamiento íbamos a comer a La Farola. (Más revuelto gramajo, por favor!)
8 de mayo de 2009
Virgenes e ilesas
Recorría sus imágenes bajo un ventilador que demasiado lejos, demasiado mezquino, demasiado justiciero, parecía succionar el aire. Años atrás y en el estante más alto había intentado sepultar aquellos recuerdos. Con sus manos secas los comprimió en un frasco de vidrio denso. Uno por uno. Empujó con fuerza los últimos que insistían en sobrevivir. Apoyó la tapa sobre los rezagados rebeldes y se sentó sobre ella. Duplicó su peso llenándose de odio hasta que los aplastó. La giró y selló el cofre con el deseo de que el tiempo los desintegrara.
Años más tarde se encontraba en aquel mismo lugar buscando aquello que alguna vez quiso perder. Puso un pie en la biblioteca, se aferró de la culpa y al engaño que había acumulado en la anteúltima repisa y con una fuerza perversa voló hasta el estante más alto. Tomó el frasco de recuerdos en conserva y juntos se estrellaron en el piso. Pedazos de vidrio se desparramaron sin coherencia: en las paredes y en el techo, bajo las uñas y en los párpados. Las imágenes estaban ilesas, vírgenes. No podía dejar de mirarlas: los vidrios clavados en sus ojos le impedían cerrarlos. No podía romperlas: los vidrios bajo sus uñas le impedían agarrarlas. Entendió que, quizás, no le alcancen los días de vida para pagar el dolor que le había causado. Aquel ventilador mezquino y justiciero que no empujaba el aire empezó a mover hacia su cuerpo los trozos de vidrio desparramados en el piso. Los sintió de a uno penetrar su piel y encallarse en la carne, en los huesos. Si tan solo pudiera verla. Si pudiera decirle lo arrepentido que estaba, lo poco hombre que había sido. Si tan solo estuviera viva.
16 de abril de 2009
Cruz Monte
Traía poca ropa en un bolso mediano y una mochila con bolsillos para imprevistos. La vi parada en la puerta de mi casa y supe que Clara no sería como Susana o Gloria. A mi tampoco me gustaba planificar demasiado, era evidente que en eso éramos parecidos. Cuando yo hiciera un viaje también llevaría poco equipaje: un pantalón, una camisa, una muda de ropa interior y objetos de higiene personal. Clara y yo podríamos ser excelentes compañeros de viaje.
- Qué bonita casa y que grande.- dijo ni bien entró.
- Sí, es grande. Pero no la voy a vender. Tengo muy lindos recuerdos. Desde chico vivo acá. Mi madre también se crió en esta misma casa. Murió hace dos años.
- Qué pena, cuando lo siento José. – respondió ella con su acento español.
Clara era de Toledo. Después de la muerte de mi madre me inscribí en un programa de intercambio de hospedajes y había elegido como preferencia recibir mujeres, de nacionalidad española. A pesar de su difícil acceso, en el último año Cruz Monte se había convertido en un destino muy valorado por los turistas extranjeros. Estaba a 500 kilómetros de San Cristóbal y la segunda mitad del trayecto era camino de cornisa y ripio. Susana era de Cádiz y Gloria de Madrid.
- Mañana voy a darte una llave de la puerta de calle. La que tenía desapareció, tengo que hacerle una copia a la mía. Este va a ser tu cuarto. Era el de mi madre.
Puse sus bolsos sobre la cama y me paré junto a la puerta para dejarla acomodar su ropa. Se acercó, puso las manos sobre su mochila, me miró y sonrió. Tenía la misma sonrisa de mi madre.
- Podés usar todo el placard si lo necesitás, está vacío. Aunque no creo que te haga falta.
- Gracias. – respondió sin abandonar su sonrisa.
- Por la cantidad de ropa lo digo. Te va a sobrar espacio. ¿Tenés novio? Seguro que no, por eso traés poca ropa, ¿no?
Clara se rió, tenía sentido del humor. Repentinamente abrió el bolso y empezó a sacar la ropa a gran velocidad. En su mayoría las prendas estaban limpias pero sin planchar. Apoyó sobre la cama una bolsa donde deduje llevaba la ropa sucia. No estaba bien cerrada y pude entrever que eran principalmente medias y bombachas.
- Tengo un lavarropas en la cocina, así que ni te preocupes por lavar. La meto junto con mi ropa y en una hora está listo.
- No, no! Está bien. Gracias, pero prefiero ocuparme yo. Puede dejar esa bolsa ahí, sobre la cómoda que yo después la lavo.
Se acercó rápido hacia mi y me la quitó de la mano, no quería que yo me molestara, pero para mi no era ninguna molestia. “Gracias”, me dijo regalándome una vez más su sonrisa.
- Ya sabés que si necesitás... No tenés más que pedir.
Se quedó un rato mirándome. No se atrevía a decirme que sí. Me gustaba que fuera tímida, “yo también lo soy” pensé. Lo mejor sería en ese momento no contradecirla. Más tarde, sin que lo notara lavaría su ropa, como regalo de bienvenida.
- Estoy algo cansada y me gustaría darme un baño, si es posible.
- Si, claro. Yo voy a estar en la cocina.- Se acercó sin quitarme los ojos de encima y cerró la puerta.
Gloria fue la primer turista que recibí. Había resultado ser una mujer con mal carácter, poco sociable y muy mayor para mi. Al segundo día de convivencia le pedí que buscara otro lugar donde hospedarse, porque éramos muy distintos para poder convivir y proyectar. Susana en cambio era joven y atractiva, pero descubrí que robaba piezas de mis rompecabezas. Tenía una enfermedad muy grave: era cleptómana. Clara, me dejó señada una semana de estadía, pero al segundo día me confesó que no sabía cuánto tiempo se quedaría realmente. “Es probable que quiera quedarse más tiempo”, pensé.
Aquella noche cociné arroz con almendras. Cenamos juntos. Le conté todo lo que ponía recorrer: el lago Amaya y el Horna, las caminatas por el Cerro del Soldado y las cascadas del Cerro Cruz.
- Si querés te puedo acompañar a las cascadas. Son 2 horas de caminata por un camino precioso.
- ¿Y usted está entrenado para tanta exigencia José? ¿No le hará mal?
- Para nada. Hago mucho ejercicio.
- Qué bien. Es muy importante para un hombre de su edad hacer deporte. Lo felicito.
Clara no quiso planificar nada aún. Estaba cansada y se acostó temprano. A la mañana siguiente salió antes del desayuno. Me dejó una nota en la que me avisaba que no volvería hasta tarde. En la noche me contó que se encontró con unos amigos con los que recorrería los lagos. “No les pude decir que no. Nos iremos por tres días a Santa Lucía. Luego cuando regrese podremos ir a recorrer las cascadas”. Era demasiado buena como para negarse. Pero yo no podía permitir que se fuera. Necesitaba que se quedara en Cruz Monte conmigo, para compartir más tiempo juntos. Era la única forma de que se enamorara de mí. Una semana más habría sido suficiente, pero si se iba en aquél momento no sabía lo qué podría pasar. Quizás nunca regresara. Intenté convencerla, pero estaba empecinada en ir, a pesar de que no era eso lo que ella quería.
- No voy a permitir que vayas - le dije. - Perdón, pero lo hago por tu bien.- Clara perdió el juicio y quiso irse en ese mismo instante, aún dejando su ropa.
- ¡Abre esta puerta hijo de puta!- gritó desencajada, intentando forzar la cerradura.
Mientras intentaba calmarla sonó el timbre. Era uno de sus amigos. “No está”, le respondí, “se fue a Santa Lucía y dejó dicho que los esperaba allá.”. Se fueron y nos dejaron solos. Clara era distinta a Gloria y a Susana, pero al igual que ellas terminó tomando decisiones equivocadas. Hubiera querido que todo terminara distinto con ella. “Clara le habría gustado, Madre”, pensé.
23 de enero de 2009
Óleos
26 de diciembre de 2008
15 de diciembre de 2008
Playa Invierno

Ernesto mira sus pies: tierra en sus dedos. Costras. Por un instante podría haber dudado. No se detuvo. Podría haber sentido las grietas bajo su piel, de un lado y del otro, del suelo y su carne. Aquellas las ve pero no las nota; éstas ni lo uno ni lo otro. Se levanta y vuelve. Podría estar cada vez más cerca... O más lejos.
¿Hay agua?
No
¿Cuándo viene Rubén?
No sé.
Mañana a más tardar tendrías que vender las que están quedando. ¿Cuántas son?
No sé. Cuatro.
Quería ayudarla pero no sabía por dónde empezar. No era mi intención lastimarla. Sentía vergüenza por haberla golpeado. No me disculpaba. No limpiaba su nariz. Mabel fue a
Llegó Rubén. Dejó seis litros de agua a cambio de tres cabras; ya que no necesitaba más. Ernesto enterró las dos restantes y a Mabel, antes de que el olor fuera insoportable. Racionó el agua para las cabras y para él. Tomó mate, cenó y durmió. Asistió el parto de cuatro cabritos. Degolló uno sabiendo que ahora la mitad se pudriría . Pensó en Mabel. Le miró los pies. También tenían costras.
4 de diciembre de 2008
La historia de Tze Ming Pei
Si bien la leyenda de Tze Ming Pei trascendía la región de Yingzhou a casi toda China, era difícil encontrar alguien que pudiera dar testimonio directo de sus proezas. Se decía que esta sabia mujer hacía cumplir cualquier tipo de deseo, que el precio era extremadamente elevado y que no había posibilidad de arrepentimiento. Quién se presentaba ante ella, por el simple acto de ingresar en su casa, incluso antes de pronunciar palabra, quedaba obligado a honrar el pago. Aquel que no quisiera escuchar el precio, o decidiera no pagarlo, sufriría peores tragedias que la muerte.
Ho Xukung era el primogénito del emperador Zhu Kai de
El joven creció fuerte y sano. Al cumplir 22 años había recibió y asimilado toda la educación protocolar para cumplir sus funciones; pero no había contraído matrimonio. Esta situación preocupaba en todos los niveles del imperio, ya que si no lograban coronar al emperador, serían destituidos por
Entre los 18 y los 22 años, Ho Xukung tuvo cinco jóvenes mujeres con las cuales proyectó pero nunca concretó matrimonio. A dos meses y medio del noviazgo todas escapaban. Desaparecían sin dejar rastro.
Tres meses antes de cumplir los 23 su tío le contó la leyenda de Tze Ming Pei. “Hubiera preferido que distinto fuera el camino, pero es la última opción, hijo”, le dijo aquella mañana. Ho, sabiendo del peligro que significaba acudir a ella, aceptó.
Caminó solo a pedir por una esposa. La mujer lo esperaba sentada en el pequeño jardín de su casa.
- Ho Xukung, ¿eres conciente de lo que esta visita significa? – le preguntó mientras se abanicaba.
- ¿Cómo sabe mi nombre?
- Sé tu nombre y varias cosas más. Te esperaba. Todavía estás a tiempo de casarte antes de cumplir los 23. Dentro de quince días conocerás a tu esposa: Ling Tzu.
Ho estaba sorprendido por lo que sabía de él. Pero el problema no era simplemente encontrar una mujer la cual casarse.
- Si me permite, hay algo más que quisiera decirle. Es sobre mis anteriores noviazgos, las desapariciones. Yo... No se bien por qué, pero...
- Las mataste. – Anticipó la mujer.
- Si. No sé por qué lo hago. Siento que no soy yo el que las acuchilla.
- No llores. No es tu culpa. Tu madre quedó embarazada de ti a los 15 años. A los dos meses y medio de gestación introdujo una daga por su vientre. Tu padre la detuvo y en cuanto naciste
- Pero ni siquiera sabía que tenía madre, ¿cómo voy a encontrarla?
Tze Ming Pei recostó hacia atrás su cabeza y ya no volvió a hablar. Ho regresó al palacio a pedir ayuda a su tío. Le preguntó sobre su madre pero él tampoco la había conocido. Al no existir rastros, el joven se sintió relevado de su condena.
A los quince días se presentó en el palacio una familia aristocrática amiga de su tío para ofrecer a Ho Xukung su hija de 16 años como esposa. Era Ling Tzu. El heredero se enamoró instantáneamente de su piel blanca y no dudó en aceptarla en matrimonio. La boda sería el mismo día de su cumpleaños, dos meses y medio más tarde.
Durante los siguientes setenta días vivieron una pasión sin tregua, mayor a cada instante. Hasta que, faltando poco para su cumpleaños, recordó las palabras de Tze Ming Pei. No quería que nada malo le sucediera a su prometida. Sintió miedo. Sabía que la única forma de evitar la catástrofe era obedecer el mandato de matar a su madre. Pero los días pasaban y no encontraba quién le pudiera decir algo de ella. Era como si nunca hubiera existido.
Llegó su cumpleaños y casamiento sin que pudiera resolver el misterio. Despertó en tal nivel de agonía que durante varios minutos pensó en quitar su propia vida, antes que la de su amada. Decidió regresar a ver a Tze Ming Pei y explicarle que si no cumplía con su parte del trato no era por falta de voluntad o dedicación.
- Si no la has encontrado es por que no supiste buscar. Tienes hasta las 12 del medio día, hora en la que naciste. Si no la has matado entonces, asesinarás a Ling Tzu. Serás juzgado por ello y te amputarán los dos brazos.
Ho escuchaba las palabras de la mujer al límite de
Regresa al palacio y se calza el traje de fiesta. A las 12 del medio día besó a su esposa.
26 de noviembre de 2008
El Codo
30 de octubre de 2008
Quinto piso
17 de octubre de 2008
Su amigo el niño azul
Casa nueva, pueblo nuevo, vida mejor. Como todas las mañanas, su madre limpiaba las partículas de piel muerta que durante la noche abandonaban el cuerpo de su hijo. “Luqui, te prometo que acá vamos a encontrar un amiguito que quiera jugar con nosotros”, le dijo antes de salir del cuarto. El niño saltó del colchón para reencontrarse con sus pequeños amigos articulados. Mientras jugaban escuchó un ruido fuerte debajo de su cama nueva. Al inspeccionarlo, vio un pedazo de zócalo caído y una cueva secreta al descubierto. Se acercó para inspeccionar y metió su mano. Encontró que el espacio era pequeño, y una nota. Había sido escrita por un niño de ocho años con una enfermedad mortal, algún día 18 del año 1834. En sus últimas líneas contaba que una bruja le recomendó escribir su nombre en la pared, al costado de su cama. Le prometió que mientras éste no se borrara, él permanecería entre los mortales. Luciano volvió a la cama para examinar
16 de septiembre de 2008
¿En qué pensás?
EL
¿Me perdonas? [Sé que me estás escuchando]
¿Amor? [Dale, mirame.]
Por favor. Te juro que no se por qué lo hice. Fue una estupidez. [Y no se para qué te habré contado.]
Lo último que quiero es lastimarte. [Me quiero matar, qué imbécil soy, ¿para qué le habré contado?]
ELLA
... [¿Qué hago, le digo que yo también lo engaño? Que estúpido es, se piensa que todavía me puede lastimar. A esta altura me importa muy poco lo que haga con su pito.]
EL
Por favor hablame, decime algo. [Aunque sea insultame, algo, odio cuando no me hablás.]
No te quedes callada. ¿Estás muy enojada? Te juro que fue hace muchísimo, y fue la única vez, te lo juro.
...[¿Qué mierda se me cruzó por la cabeza? Que ataque de sinceridad sin sentido! Si soy un acérrimo defensor del “esas cosas no se cuentan nunca, y se niegan siempre. ¿Por qué?]
Por favor, yo te amo. Vos sabés que yo te amo, ¿o no?
ELLA
...[Si tarado, lo se, y ojalá no lo hicieras y me dejaras más tranquila.]
EL
... [uy por fin me miró, es un avance, mejor sigo por este camino.]
Vos también me amás, ¿no? [Con esto siempre la gano.]
ELLA
...[Ah bueno. Te crees que me vas a hacer la “psicológica”. No me provoques por que me vas a encontrar.]
EL
Mi amor, no te enojes. No estés enojada, vos sabés que yo te amo.
...[¿Y si le acaricio la cara? ¿Se dejará o será muy pronto? Mejor le pido que me diga que me quiere.]
¿Me querés?
ELLA
¡No, no te quiero! [Se lo dije! Que estúpida. Controlate Inés, controlate.]
EL
...[No, le pifié, todavía no me va a perdonar]
No me digas eso. Yo sé que me querés, pero todavía estás enojada conmigo.
ELLA
...[Lo mando a la mierda, si, si, lo mando a la mierda.]
EL
Mi amor ¿en serio no me querés?
...[Hacéte la valiente, quiero ver que me decís ahora.]
¿Me querés dejar?
ELLA
...[Sí estúpido, me muero de ganas de mandarte a
EL
¿Vos serías capaz de dejarme? ¿Qué vas a hacer si me dejás? Yo no podría vivir sin vos.
...[Muerta de hambre, no tenés donde caerte muerta, ¿qué vas a hacer, volver con la cola entre las patas a lo de tu madre? ¿De qué vas a vivir, de organizar un casamiento cada 5 meses?]
ELLA
...[Hijo de puta, ¿te pensás que no me las puedo arreglar sin vos?]
EL
Dale, ¿por que no nos amigamos? [que ya me estás cansando, se me está agotando
ELLA
Por que me fuiste infiel. [está bien, tenés razón, todos los casamientos me llegan por conocidos tuyos. Pero por ahora!]
EL
Pero eso fue hace mil años, y además todavía no estábamos saliendo formalmente. [Siempre me gustaron tus tetas, y cuando usas esas camisas bien abiertas me mata.]
ELLA
¿Me jurás que después de eso no me lo volviste a hacer? ¿Que fue la única vez? [ya vas a ver, te voy a sacar plata para armar mi empresa y te voy a mandar a cagar]
EL
Por supuesto, ya te lo dije: fue una estúpida y única vez. [Dale, que ya la tengo más dura que el mármol de la mesada.]
ELLA
¿Y me prometés que no lo vas a hacer nunca más? [Quizás sea mejor idea casarnos, así me quedo con la mitad.]
EL
Si mi amor, te lo prometo. [Te quiero alzar y sentar en la mesada de la cocina y metertela sin parar.]
ELLA
¿Nunca? ¿Hasta que la muerte nos separe? [¿O hasta que me quede con la mitad de todo lo que tenés?]
EL
Epílogo del autor
Una de las características de un narrador omnisciente es que se interna en los personajes y les cuenta a los lectores los pensamientos más íntimos que cruzan por sus mentes.
En las relaciones de pareja generalmente uno de los dos quisiera gozar de este don, y que al no poseerlo raramente evita preguntar el tan molesto "¿en qué pensas?".
Para aquellos que anhelan el don de la omniscencia, les propongo volver a leer este diálogo pintándolo con el mouse.
"Ten cuidado de lo que deseas, se te puede cumplir."
24 de agosto de 2008
Los Pediculosos
7 de agosto de 2008
3 Grados de Separación con una leyenda
Existe una ley urbana llamada SEIS GRADOS DE SEPARACIÓN. Más que una ley diría que es una hipótesis. Yo no la conocía sino hasta hace poco tiempo. Esta ley dice que entre cualquier persona del mundo y uno, hay una cadena de conocidos de como máximo 6 personas:
Yo (1) conozco a 2 > 2 conoce a 3 > 3 conoce a 4 > 4 conoce a 5 > 5 conoce a 6.
No conozco los fundamentos de esta ley, pero podría decir que parte del razonamiento de que los eslabones 3 y 4 son personas famosas y públicas. Entonces, por ejemplo entre una persona en Kenia y yo, se podría decir que yo seguramente conozca alguien que conoce por ejemplo al presidente (o ex) de Argentina (eslabón 3). Este presidente conoce al presidente de Kenia, y desde ahí la cadena baja de igual forma hasta cualquier persona en Kenia. En fin... quien puede comprobarlo no?
Como para hacer un poco más interesante esta ley urbana, disparo la siguiente pregunta:
En mi caso, creo que el menor grado de separación del que puedo dar cuenta es tres. Por supuesto que habría que definir qué es una leyenda. Digamos que una leyenda es un nombre, un concepto que trasciende a la persona. Por ejemplo, el Che Guevara es una leyenda, por que es mucho más que Ernesto Guevara Lynch. Kurt Kobain, Carlos Gardel serían leyendas. Claro que ahora que puse estos ejemplos mi leyenda parece un chiste, pero bueno, convengamos que no se si existen muchas leyendas más trascendentes que el Che. También se podría decir que una leyenda es para la mayoría una historia conocida, que trascenderá sus días sobre la tierra.
Y la leyenda con la cual yo tengo solo tres grados es Pototo. Ya se que se preguntarán quien chuchas es Pototo!!!
Pototo es el padre del ex novio de mi mujer. Pototo y Spinetta eran compañeros de colegio. Luis Alberto no había podido ir a su viaje de egresados, mientras que Pototo si. Durante este viaje, hubo un increíble error por el cual le dijeron a los padres de Pototo, que su hijo había muerto en un accidente. Luis Alberto se enteró de esta fatalidad, y este pésimo entendido duró 24hs, el tiempo que le tomó a él escribir "Tema de Pototo" pensando en su desaparecido amigo.
Buena historia no? Una leyenda, o una anécdota si lo que te separan son solo 3 grados. Los dejo con Pototo.
Para saber como es la soledad
23 de julio de 2008
Nuestro amor en los tiempos del cólera
En lo que respecta a las relaciones entre el hombre y la mujer, el manejo del tema es un indicador muy contundente sobre el grado de avance en la misma. En mi opinión una relación no puede considerarse poseedora de verdadera intimidad, y no me refiero a intimidad sexual, hasta que ella no oiga y huela la música y bálsamo de los flatos de él. Deponer (que es una palabra que tengo en gracia) con la puerta del baño abierta, al tiempo que se mantiene una conversación con la pareja en otro ambiente de la casa, es otro síntoma de buena salud en la misma. Y tener esta conversación, con la pareja dentro del baño durante el acto denota un grado de maduración todavía mayor. Y si me permiten, el evento escatológico máximo al que una pareja pueda aspirar, como símbolo de estado de bienestar conyugal completo, es cuando ella le ofrenda su flatulencia a la pareja. Mujer que permitió al hombre conocer sus ventocidades, es mujer que se entregó en cuerpo y alma a su pareja.
Según internet, una flatulencia es un exceso de gases acumulados en el aparato digestivo. Este sería un estudio técnico y anatómico del mismo, pero además de estos, existen al respecto estudios sociológicos aplicados al estado de ánimo del individuo. Luego de algunos años de convivencia, ya puedo considerar a mi pareja una estudiosa del tema, y me tomo la libertad de compartir algunas de sus conclusiones. En alguna ocación me ha dicho: "Yo me doy cuenta de que ya no seguís enojado conmigo cuando te tirás un pedo. Por que cuando estás enojado nunca te tirás." Qué observadora, pensé. Y tiene razón. Aunque ella todavía lo niegue, mi conclusión es que indirectamente me está diciendo que quiere que lo haga más asiduamente.
En fin, todas estas disquisiciones tienen por objeto poner el marco adecuado a la situación que quería relatar.
El hecho inició hace cuatro sábados, a la mañana temprano. A pesar de la millonada de veces que depuse en mi vida, jamás de los jamaces tapé un inodoro. Pero todo tiene una primera vez y esa fue la mía. Afortunadamente para la situación, el objeto obstructor fue lo último en retirarse del inodoro, por lo tanto no hubo restos flotantes que me advirtieran del piquete. Sólo me enteré del incidente la siguiente vez que tiré la cadena. Simplemente el agua no se iba. No hice nada al respecto, sólo regresé al tiempo para ver si había evacuado. A los quince minutos el agua había bajado, pero no al nivel esperado. Volví a los diez minutos, cuando sí lo hubo hecho, con un balde de agua, para aplicar mayor presión y así desobstaculizar el paso. No tuve éxito, y decidí dejarlo así, con el agua casi al borde, deseando que por algún proceso químico, con el tiempo el agua fuera desintegrando la columna piquetera. Mientras tanto: baño clausurado. Mis necesidades urinarias de manera provisoria tuve que resolverlas en la bacha del lavadero. Mi altura y la maniobrabilidad del agente lo permitieron.
Al día siguiente, a pesar de mis anhelos, nada había evolucionado. Todo seguía igual de obstinado. La única diferencia era que mis necesidades religiosas exacerbaban mis nervios, y mis nervios por algún mecanísmo diabólico exacerbaban mis necesidades. Esforcé mi ingenio, busqué un alambre largo y repliqué lo que yo imaginaba era la forma de los conductos del desagüe. Lo introduje, de forma que por la curvatura que le había dado, entraba, giraba y subía del otro lado, por el conducto no visible. Lo metí tan profundo como pude, evitanto me mi mano se sumerja en el agua. Lo moví, buscando hacer contacto, pero no encontré mi objetivo. Necesitaba llegar más profundo, y para esto era imprescindible sumergir mi mano... dentro del agua estancada. Todavía mi dignidad era mayor a mi urgencia. En un nuevo rapto de lucidez pensé en utilizar los guantes de goma de la cocina.
"Carajo mierda" pensé, como es posible que en una casa no haya guantes de goma. Desistí por el momento, y nos fuimos a almorzar a lo de mi cuñada. A nuestro regreso mi mujer me pregunta:
- ¿Y por que no fuiste en lo de mi hermana?
- ¿Estás loca, viste lo que es ese departamento? Es 2 x 2, y el baño casi que está adentro del living.-
Además una vez sí lo hice ahí, y es el día de hoy que cada vez que voy ese baño, o mi cuñada o el novio, me advierten con sorna que tengo vedadas cierto tipo de prácticas en ese recinto. Por lo tanto, cuando voy a su casa, ni siquiera meo con tal de no dar pié al gaste fácil.
Regresamos, y no solo ese maldito inodoro no mostraba progreso alguno, sino que además yo había recargado mi estómago de alimentos a procesar. Digamos que yo no soy un come-caga-sin-escalas de pura cepa, pero tampoco estoy tan lejos es este paradigma.
En el momento en el que uno se olvida que tiene la imperiosa necesidad de descargar el peso excedente, mágicamente el malestar desaparece, pero en el momento en el que lo recuerda se renueva la urgencia de manera perentoria. Y así estaba, de rodillas en los mosaicos del baño, moviendo espasmódicamente el alambre que tenía mi mano, desprotegida bajo el agua estancada, y con la sopapa en la otra, luchando en absoluta desventaja contra el enemigo invisible. Pero ningún avance, ningún signo de progreso.
Un cocktel implosivo de frustración, impotencia y muchas pero muchas ganas de relajar efínteres, sin piedad por el calzón que atestiguara la avalancha, hizo que me sentara abatido en el piso del baño, casi a punto de llorar. Invoqué al mecanismo de no pensar en el asunto, y decidí hacer lo mismo hasta el día siguiente, cuando viniera un plomero salvador.
Me levanté en paz conmigo mismo. Sin embargo antes de darme por vencido se me ocurrió un último intento. Recurrir a la biblia de nuestros tiempo. "Google me va a destapar el baño" sentencié con cadencia épica. "como destapar inodoros"... + la palábra mágica: "buscar"... y voilá: "Personalizado Resultados 1 - 10 de aproximadamente 279.000 de como destapar inodoros. (0,30 segundos)". Impresionante, cómo no lo pensé antes!
Después de investigar foros, wikis, pdfs y demás bibliografía descarté la opción del ácido muriatico, si no tenía guantes de goma... que chances había de tener ácido muriatico? Finalmente, la receta más convincente y accesible fue la de hervir agua con sal, y hecharla al inodoro.
Eran aproximadamente las siete de la tarde cuando inicié la implementación de mi última esperanza. Tomé la cacerola llena de agua hirviendo y salitrosa, con una vehemencia memorable volqué todo el contenido al inodoro y retrocedí un paso para ver en acción mi elixir liberador. Aguardé con paciencia unos instantes, esperando que empezara actuar. Seguí esperando, hasta que no pude más que reconocer mi derrota. Todo seguía igual, el agua descanzaba plácidamente en mi inodoro.
Volví, con la cabeza gacha, determinado a terminar aquel día sin deposición. Me senté a ver tele, con la computadora al lado y con la radio prendida. Todo lo que tenía al alcance para entretener mis pensamientos lo pensaba utilizar. Lo intenté, y por un momento realmente pensé que lo lograría. Pero las misiones imposibles, solo no lo son tal para Tom Cruise, Jack Bauer o James Bond. Para mi, tanto como para el resto de los mortales, lo imposible por más que lo intentemos, es IMPOSIBLE.
- Basta!!!! No aguanto más, me voy a cagar al Mc Donalds!!!!!!!- grité, feliz con mi idea liberadora.
- ¿Al Mc Donalds??? Pero es un asco, deben estar re sucios esos baños, si deben pasar por ahí como 700 pendejos por minuto.
- ¿Un asco? ¿Vos estas loca? Se ve que no sos cagadora de baño público! Lo baños de mc donalds son de lo mejor que hay en el mercado, ¿cómo no se me ocurrió antes? Chau, me fui.-
- Ay, no me traes un mc swing ya que vas? dale, porfi!- me pidió, feliz con su ocurrencia, saboreando su imágen mental del helado. Yo accedí sin dudarlo, solo me quería ir al encuentro del mesías.
Fui corriendo al cuarto a buscar una campera, y cuando iba de salida, al pasar por el baño se me ocurrió darle la última oportunidad. Entro y encuentro al inodoro vacío. Hacía menos de cinco minutos que lo había dejado con el agua hasta el cuello, y se había vaciado demasiado rápido como para estar obstruido. Al parecer, mi experimento había funcionado. Pero tenía que corroborarlo. Tiré la cadena, y el agua cayó desde los bordes, hizo remolino y desaparecio por su cauce natural, como si así lo hubiera hecho siempre.
- Gorda se arregló!!!!!!!!!!!! Se destapó el inodoro!!!!!!!!- Fui hasta la cocina para compartir con ella mi felicidad, que era plena. Pero en su cara, a pesar de querer mostrarse contenta, no podía ocultar un puchero de decepción. - ¿Qué pasa?- le pregunté.
- Nada... es que me había hecho ilusiones de comer un mc swing-
Y tenía una desilución tan sincera, que me conmovió.
- Bueno... dejame que me hecho un garco y te lo voy a comprar.
Me senté y disfruté como pocas veces la gracia divina de deponer. Una vez liberado, me abrigué, subí al escarabajo y manejé liviano las cuarenta cuadras, en busca del helado que le devolvería a ella la sonrisa que a mi ya me había devuelto la caca.
Cagar y comer bien, nuestras las claves de amor.
16 de julio de 2008
Premio Brillante Blog: a Ciega a Citas Chapeau
Los pongo en auto a los que no están al tanto del premio. En resumen, la dinámica de los premios bloggers (hay varios de estos premios en la blogosfera) es que un blogger que recibe el premio elije premiar a 7 más y mencionar y agradecer a quien se lo otorgó. Y así fluirá la cadena expansiva.
Como siempre y en todo ámbito están los detractores de este tipo de acciones, diciendo que son meras excusas para lograr difusión y viralidad. Y por supuesto que lo es. Seguramente son los mismos que, con absoluta razón, y adolescente rebeldía si me permiten, sentencia de viles herramientas comerciales creadas por cerdos capitalistas a esos días festivos del tipo día del amigo, de los novios, del niño, de la cerveza, etc etc.
Y así como me dejo abusar por los cerdos capitalistas festejando cuanto día festivo tenga gana, gustoso participo de la cadena del premio blog. Por lo tanto, aquí voy, cumpliendo con los pasos.
Lucía González para usuario
Beso
LG
Y como dije antes, en un principio compré todo, y le creí todo. Con un mail como este, cómo no creerle?Con el tiempo y los innumerables relatos de situaciones inverosímiles fui apostando la ficcionalidad del personaje Lucía González (LG). Así como me fui alejando de esta ensoñación también fui distanciándome de la dinámica de comentar en el blog. La cantidad creciente de lectores y comentaristas obligaban casi una dedicación full time como para poder seguir el hilo de los comentario y no opinar algo descolgado, repetivo y sin sentido. Aunque LG dice leer todos lo comentario, me tomo la atribución de dudarlo, no por su mala voluntad, por una cuestión de volumen. Leer 1000 comentarios por día???
La evolución, conversión y dinámica de los comentaristas creo que merece un libro aparte. Un libro que en su temario debería dar cuenta de temas como: el día que sobrepasaron los mil comentarios; cuando los comentarios se transforman en una sala de chat; blogs dedicados a debatir sobre este blog (cual panel de discusión de gran hermano); blog paralelo de la comunidad de LG; fiesta de encuentro de comentaristas; comentaristas exiliados en blogs paralelos peleados con su mamá [sic]... En fin, sociologos a su juego los llamaron! Si no encuentran tema de tésis acá no se donde...
En cuanto a la verdadera identidad de LG, mucho dicen que la real autora del blog es Carolina Aguirre, autora del exitoso blog Bestiaria (con publicación editorial en puerta). En el blog de desterrados de Ciega están convencidos de esto. A mi no me consta, y tampoco he investigado el tema, pero no lo creo. En mi opinión, LG es un personaje basado en la vida real de su autora (que no sería C.A.). Mucho de lo que relata le creo sea cierto, aunque no un 90% como tal como ella me dijera. De hecho toda la resolución de la "novela" creo que es absolutamente ficción.
Por cómo se resolvieron las situaciones, es muy probable que hace mucho tuviera planificado el final, y que fuera tejiendo los episodios para llegar a él. Aunque dejé de participar activamente no dejé de leerlo. Personalmente no me gustó el final, me pareció previsible, irreal y simplista. En cuanto a los últimos posteas, en los que ella publica relatos que los lectores le enviaron, contando sus vivencias y cómo les afecto el blog, podría apostar que fue todo una idea y propuesta de su editorial. Todo esto último fueron decisiones que no comulgan con mi gusto personal pero... fueron un éxito. Así que nuevamente chapeau!
2) Principio de Incertidumbres - diario poco intimo de una mujer emocionalmente insegura
Tal como anticipa su bajada Noel utiliza este blog como diario íntimo. Es un blog, como los hay muchos, de una mujer soltera en sus 30s. Podría decir que es una versión de carne y hueso y más alcanzable de Ciega. Postea a diario, no pretende narrar grandes historias, pero escribe bien y cada tanto hay relatos entretenidos, y 100% reales. Es un diario íntimo.
3) Vida Malizia - aventuras y desventuras de una mujer soltera, que ni piensa en casarse.
Este blog, obviamente tiene la misma línea que los dos anteriores, y es una mezcla de ambos. Su autora (escritora), escribe relatos reales sobre su vida. Escribe muy bien. No es un diario, son todos relatos / cuentos. También muy recomendable.
4) El detonado Astral - Cuentos y relatos de Gustavo Tisera
Gustavo tiene el brillante don de decir mucho con pocas palabras en sus cuentos y relatos, y además el superpoder de decir muchísimo más con aún menos palabras cuando nos regala sus microcuentos. Soy un gran fanático de sus microcuentos. No se los pierdan.
5) Tan Versatil Como Acústica
Andrea Durlacher es en mi opinión otra niña prodigia. Escribe reflexiones, pequeñas píldoras de brillantez. Yo la imagino con una cervatana lanzando sus silenciosos dardos de sabiduría. Concretos, precisos y certeros.
6) Mi mente de locura y pasión
La Princesa de la Locura hace lo más parecido que pude encontrar en un blog a una Instalación Artística. Poemas + reflexiones + imágenes + construcción del espacio componen sus posteos. Hace mucho que no publica, desde aquí mi granito para que lo haga.
7) Pájaro en mano - la vida con un príncipe azul
Elena dice "Basta de blogs de ingratas minas solas. ¡Estar felizmente en pareja es mucho peor! ". Suficiente para saber de que va este blog. Muy divertido, bien escrito.
And that's all folks!
3 de julio de 2008
De la Bella Italia a la Selva Chaqueña Argentina - Capítulo II
Nota del editor: Este es el segundo extracto del libro "De la Bella Italia a la Selva Chaqueña Argentina" escrito por mi bisabuelo, relatando la historia verídica de su inmigración. A quien no leyó el primer capítulo le recomiendo hacerlo.
Un buen día nuestro padre nos reúne a todos los familiares para decirnos que había resuelto, dada la difícil situación en que habíamos quedado luego de la inundación y varios años de malas cosechas, hacer un viaje a la Argentina, en busca de mejoras para todos. De acuerdo a las informaciones recogidas, en aquella época era fácil conseguir tierras cedidas por el gobierno para trabajarlas o dedicarse a otras industrias. En tales circunstancias se resolvió que yo debería acompañarlo en el viaje, mientras que mi hermano que era mayor quedaría a cargo de la familia, hasta que mi padre consiguiese ubicación para todos.
Todas las miradas se concentraron en mí como inquiriéndome si me animaba a acompañarlo como él había dispuesto. Tenía yo a la sazón trece años y comprendía ya muy bien cuál era nuestra situación, y con la esperanza que la suerte nos acompañara, le contesté que lo acompañaría con gusto, hasta el lugar donde reunirnos todos, para labrar un porvenir mejor y venturoso pasar. Fue tan grande la satisfacción de mis familiares al escuchar mis palabras que me llenaron de besos, colmándose de alegría al ver que ya tan jovencito pensara en nuestro bienestar y futuro. Es por eso que les puedo asegurar que tal vez sea el único entre nosotros que no tuvo infancia.
Una vez que mi padre hubo planeado el viaje y conseguido los documentos necesarios para el mismo, vendió parte de los cereales y animales, lo que le permitió viajar con algún peculio, dejando el resto a cargo de mi hermano, para que siguiera explotando la granja y cuidando de la familia.
Terminados los preparativos, el 20 de setiembre de 1885, aguardamos ansiosos el 22, fehca inicial de nuestro viaja a América.
Esos dos días los dedicamos a las despedidas. Pueden ustedes imaginar los cuadros de éstas. ¡En esa época 1885! En que se confundían en apretado abrazo la alegría y el dolor producido por la separación brusca, luego de vivir treinta y tres años en ese pueblo, chico por cierto, pero tan lleno de afectos; en el que los habitantes todos nos considerábamos miembros de una gran familia. Allí si que era real aquello de “todos para uno y uno para todos”.
A las cinco de la mañana ya nos esperaba el coche en la puerta, vehículo de época tirado por dos caballos. La última despedida fue tan rápida como grande la emoción. Mi madre fue la última en despedirme. ¡Qué feliz recuerdo conservo de ese momento! Su abrazo, sus besos y su bello rostro bañado en lágrimas que me trasuntaban el más grande amor de mi vida. Pronto, muy pronto perdimos de vista a todos los que afectuosamente nos saludaban con sus pañuelos en alto.
Llegamos con el coche a la estación ferroviaria de Legnagno, cuyo tren debía llevarnos directamente a Génova. Una vez despedidos de mi hermano, papá le volvió a recomendar el cuidado del resto de la familia y que no dejara de contestar a las cartas de acuerdo a la dirección que le enviáramos. Con una tremenda pitada de la máquina que anunciaba la partida del convoy, con el pañuelo en alto nos dimos el último ¡hasta siempre hermano!
Cuanto más nos alejábamos más aumentaba mi dolor, deslizándose por mis mejillas gruesos lagrimones en un profundo silencio. Al notarlo mi padre me atrajo a su lado y acariciándome me dijo que no debía llorar, que la separación sería breve. Eso me tranquilizó, lo mismo que observar a nuestro lado gran cantidad de gente que viajaba al Brasil, habiendo entre ellos de todas las edades. Minutos después todo había cambiado, pues muchos comenzaron a cantar alegres canciones alegóricas referentes a la recolección del café, trasuntando sus rostros la alegría de ira hacia el país del café, donde podrían saborearlo a gusto, cosa que no podían hacer en Italia, pues solo gustaban de él diariamente los ricos.
En Génova nos alojamos en un hotel cercano al puerto, separándonos del resto del pasaje del tren que viajaba a Brasil por cuenta del gobierno de ese país. Nosotros lo hacíamos por cuenta propia, pues a la Argentina en ese entonces no había inmigración organizada.
El día 23 a las dos de la tarde en el vapor Sirio zarpábamos de Génova rumbo a Buenos Aires, levando anclas con un total de tres mil pasajeros. Debemos tener en cuenta que entonces los barcos carecían de las comodidades que tienen los actuales. Por ejemplo no tenían conservadoras frigoríficas, razón por la cual debían llevar unos veinte vacunos para faenar diariamente. Además transportaban dos vacas con cría, que suministraban la leche necesaria para los niños y enfermos. A propósito recuerdo que gracias a un ardid mío pudimos tomar café con leche todos los días, pues diariamente recogía la que el repartidor me daba para “mi hermanito”.
En cuanto a las comidas si bien eran abundantes, distaban mucho de tener el gusto y la higiene con los que se preparaban en mi hogar.
El primer puerto al que arribamos fue el de Barcelona, luego Cádiz y otros que ya no recuerdo, antes de llegar al de Río de Janeiro, en Brasil.
Lo que más tristeza me causaba era la llegada de la noche, cuando acostado añoraba a mi madre que todas las noches me despedía con un beso y me abrigaba más con su cariño que con las cobijas. En ese momento me sentía tan desvalido que me echaba a llorar amargamente en silencio, habiendo llegado a maldecir a Cristóbal Colón por haber descubierto América. Sólo la esperanza de hallar un porvenir venturoso me alentaba y mantenía firma y decidido frente a tanta adversidad emocional.
La suerte nos acompañó, pues a pesar de haberse registrado casos de tifus, unos cuatro o más han tenido la desgracia de ir a parar al fondo del mar. A causa de ello las autoridades del barco tomaron medidas mejorando la higiene y las comidas.
Después de un mes de viaje cruzamos el Ecuador, donde llovía cada dos por tres. Pocos días después entrábamos en la bahía de Río de Janeiro. Me causó admiración la existencia en el puerto de una gran cantidad de negros motas, que desde sus botes se arrojaban al fondo del mar a recoger las monedas que traían entre sus dientes y que alguien del pasaje había arrojado al mar exprofeso.
El aspecto de la ciudad recostada en la inmensa bahía presentaba una visión hermosa y deslumbrante con un fondo de montañas. El pasaje todo se hallaba en la cubierta del barco donde apenas cabía. En mi afán por verlo todo me agarré de la cadena del timón, mientras me hallaba sentado en la baranda y el barco había maniobras de atraque, que observaba absorto, no dándome cuenta que mi mano con la cadena se deslizaban hacia una polea hasta que un intenso dolor me lo advirtió, di un salto y un tirón que hicieron zafar mi mano de tal situación, que de seguir me la hubiera amputado seguramente. Perdí el conocimiento y mucha sangre. El médico de abordo me practicó las primeras curas, evitándome con ello una infección segura o posible gangrena. Esta fue nuestra primera mala suerte en nuestro viaja a esas tierras de promisión y esperanza.
El 28 de octubre avistamos por primera vez Buenos Aires. Al llegar a la rada el barco fondeó a la espera de la inspección sanitaria que debían practicar las autoridades argentinas. Éstas no permitieron al mismo entrar por los casos de tifoidea que habían ocurrido, obligándonos a trasladarnos en pequeñas embarcaciones hasta la isla de Martín García, donde estuvimos al rededor de diez días, durante los cuales fuimos tratados muy bien, ya que además de someternos a diversos tratamientos con desinfectantes, nos hicieron bañar, cosa que no pudimos hacer desde que salimos de casa, treinta y seis días antes, por carecer abordo de comodidades para ello, excepción hecha para los de primera clase.
Al undécimo día regresamos a Buenos Aires, alojándonos en el hotel para inmigrantes, para ser distribuidos en el interior del país y dedicarnos a tareas rurales. En esta ciudad me ofrecieron trabajo en varios comercios con la promesa de habilitación cuando adquiriera conocimientos y experiencia en ello. A mi me hubiera gustado, pero ¿dónde quedaría mi padre?. Sólo y trabajando lejos de mí... Era un hombre habituado a dirigir trabajadores rurales más que a trabajar personalmente.
Pasados unos días mi padre había conseguido pasajes para ir a La Plata, de reciente fundación y de la que según informes recogidos sería llamada a ser una gran ciudad en el futuro. Pero hete aquí que el destino, la ignorancia de conocimientos geográficos de esa época y la ambición canallesca de ciertos individuos, torcieron y cambiaron nuestro camino elegido, la futura capital de la primer provincia Argentina.
Como nosotros no conocíamos nada, tanto nos daba ir allí como a cualquier otra parte. Imagínense cuál hubiera sido nuestro porvenir de haber adquirido tierras en las proximidades de la ciudad que se convertiría poco después en capital de la provincia de Buenos Aires.
Mi padre preguntó su parecer respecto a nuestro lugar de destino a un empleado del hotel, el que seguramente era un sinvergüenza, pues le contestó: ¿qué íbamos a hacer en un lugar donde no había trabajo? Mi padre quedó pensativo y el empleado continuó diciéndole: donde Ud. debe ir es al Chaco y especialmente a las Palmas, donde hay una gran colonia italiana con una fábrica de azucar, con tierra excelente y un inmejorable clima. Al preguntarle si era un pueblo bien formado con médicos, igelesia y todo lo necesario, respondió: es una gran ciudad en marcha. Al oir esto mi padre quedó amargado y le manifestó: ¿Y ahora qué puedo hacer que ya tengo los pasajes para La Plata?, respondiéndole que él se los cambiaba. Mi padre pensó que sería un hombre honesto y aceptó más que ligero la propuesta, pensando que la suerte le sonreía y la fortuna le prodigaría a manos llenas sus frutos. Después de un tiempo vinimos a enterarnos de la verdad sobre el interés que tenía ese empleado por mandarnos al Chaco. La compañía azucarera le pagaba cinco pesos por cada inmigrante que mandara.
Salimos en barco aguas arriba hacia el hermoso río Paraná. Al cuarto día de viaje le manifesté a mi padre que estaba seguro de que ese individuo nos había engañado, y todos quedamos pensativos; cuando de pronto y sin saber porqué el vapor detuvo su marcha cerca de la orilla izquierda del río, ordenándonos que bajáramos, que habíamos llegado al puerto Las Palmas. No me explico porque llamaban así a un lugar donde lo único que había eran pajonales.
La impresión de que habíamos sido engañados la confirmarmos poco después, al ver que aquello no era nada más que una selva donde ni siquiera había huellas de vehículos, sino toan solo senderos que transitaban peones o indios. Nos llevaron en un carro tirado por bueyes durante cuatro horas hasta que llegamos a un gran galpón de chapas, nuestro destino.



