Casa nueva, pueblo nuevo, vida mejor. Como todas las mañanas, su madre limpiaba las partículas de piel muerta que durante la noche abandonaban el cuerpo de su hijo. “Luqui, te prometo que acá vamos a encontrar un amiguito que quiera jugar con nosotros”, le dijo antes de salir del cuarto. El niño saltó del colchón para reencontrarse con sus pequeños amigos articulados. Mientras jugaban escuchó un ruido fuerte debajo de su cama nueva. Al inspeccionarlo, vio un pedazo de zócalo caído y una cueva secreta al descubierto. Se acercó para inspeccionar y metió su mano. Encontró que el espacio era pequeño, y una nota. Había sido escrita por un niño de ocho años con una enfermedad mortal, algún día 18 del año 1834. En sus últimas líneas contaba que una bruja le recomendó escribir su nombre en la pared, al costado de su cama. Le prometió que mientras éste no se borrara, él permanecería entre los mortales. Luciano volvió a la cama para examinar
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17 de octubre de 2008
Su amigo el niño azul
Etiquetas:
Fábulas,
Ficción no científica,
Microcuentos
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