Harto de caminar sintiéndome nadie.
En realidad no se por que dije caminar, por que mi sentimiento de auto ninguneo no se limita a esa actividad. Bueno, creo que debe ser por que en ese momento estaba caminando.
Sabía que mi vida llena de éxito, de amor y de reconocimientos masivos estaba ahí, cerca, casi al alcance. De hecho la conocía casi en tu totalidad. La había recorrido incansables veces, ya sabía cada una de las conversaciones que tendría con la mujer de mi vida, cada una de los discursos que daría agradeciendo los premios tan merecidos y por los cuales había luchado tanto. Ya le había agradecido a demasiadas personas que no existían, por haber sido fundamentales, y sin los cuales nunca hubiera podido realizar lo que habría de realizar.
Esa realidad esquiva ya lo conocía. Pero estaba harto, cansado de seguir siendo solo nadie y nadie solo. Y con este agotamiento encima caminaba de vuelta de mi triste oficina, como todos los días desde hace mucho, aunque por poco tiempo más.
Fue así que dos pasos después de empezar a cruzar la esquina, me doy cuenta de que mi viaje mental debería haber hecho una escala antes de empezar a cruzar la calle, para aunque sea haberme dado la opción de elegir entre parar ahí mismo, o seguir caminando y morir brutalmente atropellado por la camioneta que sin intenciones de frenar circulaba a escasos metros de mi epicentro.
En ese segundo fatal, que tarda por lo menos cuatro o cinco segundos en consumirse, vi que a menos de 59 centímetros de distancia una hermosa mujer se encontraba en exactamente la misma situación que yo, pero dos segundos antes. Es decir que aún no había advertido que también moriría brutalmente atropellada por la camioneta que no tenía intenciones de frenar y que circulaba a escasos metros de su epicentro, que como dije estaba a 59 centímetros del mío.
Los cinco segundos que siguieron fueron todo, y sin dudar los cambiaría por todos los segundos que malgasté desde mi nacimiento hasta mi muerte.
Cuando aterrizó de su magnífico viaje mental lo primero que vio fue aquella camioneta cuyas intenciones ya comenté. Y a pesar de la inviabilidad del emprendimiento, su reflejo fue acelerar el paso para evitarla. Aunque yo no hubiera estado en su camino, ella nunca hubiera podido evitar la camioneta asesina.
Pero estaba en su camino y ella vino directo hacia mí.
Yo no se si fue un acto reflejo o un acto divino, pero en ese instante los dos olvidamos la camioneta y paradójicamente levantamos nuestros brazos y antepusimos nuestras manos para evitar chocar entre nosotros, o al menos amortiguar el golpe. Y ahí estábamos, chocándonos, conociéndonos, con sus manos sobre mi pecho, con mis manos sobre su espalda, su boca y su nariz a un centímetro de mi última respiración, su mirada dentro de la mía y la malintencionada camioneta derretida tras nuestro.
Entonces nuestras miradas abrieron una ventana en el tiempo y se escaparon a comulgar durante dos años ininterrumpidamente, se amaron, luego regresaron. Y lo entendí todo, lo tenía todo.
Sentí cada uno de sus dedos tatuados en mi pecho. La apreté fuerte contra mí, al ritmo del 2x4 di un cuarto de giro hacia la izquierda, cuando sentí una estampida de búfalos embestir sobre mi espalda.
Y los dos juntos volamos.
Y también volamos, y caímos tres metros más tarde. La camioneta terminó de frenar un metro después del punto de impacto.
Y nos quedamos inmóviles en el piso, en la misma posición en la que bailáramos un segundo atrás, pero ahora ella abajo y yo arriba.
Y los dos seguimos volando.
Y yo seguía sintiendo sus manos selladas sobre mi pecho y mis manos ensangrentadas por el golpe seguían presionando su cuerpo contra el mío.
Y nuestras miradas seguían empacadas sin querer soltarnos.
Hasta que ella se movió solamente para sonreír y dejarme escuchar su voz.
- “Gracias, me salvaste la vida.”
No entendí bien que pasó, pero lloré. Mi cuerpo empezó rebalsar, sentí que me quedaba chico, que no había suficiente espacio para contener todo lo que estaba pasando dentro mío.
- “No. Todo lo contrario” – dije yo.
Pero sentía que mi cuerpo se encogía, que se inflaba con demasiado aire, y que mi cabeza se llenaba de sangre.
Cerré los ojos y no la volví a ver.
28 de febrero de 2008
Todo por 5 segundos
22 de febrero de 2008
Maravilla
Si pudiera, elegiría morir después,
para nunca dejarte sola,
para entristecer a saco.
Y cuando lo hagas, solo voy a sentarme a esperar,
para dejar vacío mi vacío,
para que la distancia entre mi tristeza y la felicidad de reencontrarnos sea infinita...
... tan infinita como será entonces nuestro tiempo juntos.
14 de febrero de 2008
Investigando mi alrededor II - el sexo de los blogs
Todavía no tengo las horas suficientes de investigación, pero mi impresión so far es que en el mundo Blog el sexo femenino saca algunas cabezas de ventaja, en cantidad y también en calidad. En cuanto a la cantidad además de que creo que hay más blogs hechos por mujeres, también son más activas comentando posts ajenos. Por lo tanto, aquí me propongo investigar esta cuestión.
En cuanto a la calidad está claro que es una apreciación subjetiva, pero me atrevo a decir que por lo general los blogs son más intimistas. Bueno, en realidad no se si es esta es una cualidad de los blogs femeninos o si el algo propio a las mujeres en general.
Debo confesar que generalmente me parecen más interesantes (o divertidas al menos) las conversaciones entre mujeres que las de hombres. Futbol, política y mujeres a un nivel banal son en un 93% el tema de conversa másculina, mientras que las mujeres hablán de temas personales, propios y ajenos, lo que para bien o para mal lleva al dialogo a un nivel más pasional.
No lo sé, me gustaría conocer más opiniones al respecto.
10 de febrero de 2008
Batalla perdida
Nadie se jacta de reirse de la desgracia ajena y yo tampoco lo hago. En cambio sí pretendo defender mi honestidad a ultranzas, y es por eso que no pude negar mi bajo comportamiento de aquel día.
Fiscal: “Su señoría, quisiera presentar como evidencia esta grabación de una conversación entre el Sr. Testigo y el Sr. Amigo, tomada el mismo día del hecho”.
Juez: “Adelante, la escucharemos y la consideraremos como evidencia válida para el juicio.”
[Grabación]
Testigo: La gente está cada vez peor.
Amigo: Por que che?
Testigo: Por que sí. No sabés lo que vi hoy. Estaba en el kiosco, atrás del mostrador acomodando la pila del clarín, y veo que pasa un ciego caminando, con su bastón de ciego viste. A los tres segundos más o menos escucho un ruido fuerte y salgo y veo que estaba el ciego agarrándose la cabeza al lado de un poste de luz. Se ve que con el bastón no se dio cuenta que estaba el poste y se dio de lleno con la cabeza. Podés creer que la gente que estaba en la parada de bondi se quedó ahí sin hacer nada, ni se movieron, no fueron capaces de ayudarlo. El pobre tipo tenía un corte en la frente y le salía un poco de sangre, así que imaginate el golpe que se habrá dado. Yo le limpié un poco la sangre y lo ayudé a cruzar la calle. Estos hijos de puta ni siquiera fueron capaces de avisarle que tuviera cuidado con el poste, nada. Obviamente que los reputié. Lo peor de todo es que uno de los flacos se estaba riendo. Podés ser tan sorete de reirte de una cosa así. Hay que ser mala leche eh!
Amigo: Es que hay gente muy hija de puta.
-STOP-
Fiscal: “Su señoría, el testigo confirma que la grabación es veraz y que todos los hechos que en ella relata son ciertos. También ha identificado al señor RF como una de las personas que presenció el infortunio del Señor Ciego, y que además de no haberlo prevenido y no haberlo ayudado es la persona que se rió de la situación. Por tal motivo solicito le de la pena máxima.”
Juez: “¿Señor RF, reconoce como cierto todo lo que alega el Sr. Testigo?”
RF: “... sí su Señoría. Es cierto lo que dice Testigo.”
Juez: “¿Y qué tiene para alegar en defensa suya?”
¿Y qué podía responderle? ¿Podría haber dicho que no había visto a Ciego? La realidad es que sí lo había visto. Lo había visto caminar, repiqueteando la punta de su bastón blanco contra el piso, con una cadencia alucinógena. ¿Podría haber dicho que el pendular de ese bastón me generó un efecto similar al de los partidos de ping pong jugados por japoneses, es decir un efecto hipnótico? ¿Podría haber alegado que no me di cuenta de que Ciego iba camino directo a ese poste de luz? También estaría mintiendo. ¿Pero podría haber dicho que lo que provocó mi inacción fue una intriga brutal? ¿Habrían entendido que en ese momento estaba fascinado con el mecanismo de supervivencia de Ciego, que estaba absorto observando cómo funcionaba el reemplazo de su vista por un simple bastón? ¿Me creerían si les hubiera dicho que muchas veces de noche al volver del baño, intenté caminar hasta la cama a gatas, para no prender una luz y despertarla, pero que no pude y tuve que encender un velador y que me pregunté cómo lo hubiera hecho Ciego? ¿Me habrían entendido si les hubiera dicho que cuando vi a Ciego caminar en dirección al poste pensé que si yo fuese Ciego en ese momento, sin dudas me chocaría con aquel poste, pero sabía que él no haría? ¿Habrían entendido que tenía mucha intriga de saber cómo Ciego haría para sortear el poste, pero que estaba convencido de que lo lograría? Y que por este motivo no atiné a prevenirlo, hasta que finalmente vi como la punta de su bastón pasó velozmente a medio milímetro del poste, y como la distancia entre su cabeza y el poste se consumía en menos tiempo del que le tomó al bastón hacer el barrido hacia la derecha, picar contra el piso y volver al centro para así encontrarse con el obstáculo. Cuando entendí esto ya era tarde, la frente de ciego ya había golpeado contra el poste de Luz, y por algún motivo yo reí... Hoy sí entiendo por qué lo hice, ¿pero habría mitigado mi condena si les hubiera explicado el por que de mi sonrisa ante este hecho? ¿Se habrían reído si les contaba que al chocar la cabeza de Ciego contra el poste, ésta rebotó hacia atrás por lo menos medio metro, pero sin que sus piernas dieran ni un paso atrás cual muñeco inflable con base de arena... y que el poste metálico retumbó como campanario de iglesia, a lo largo de todos sus 5 metros de alto? ¿Les habría causado un poco de gracia si les hubiera dicho que en ese momento pensé que un accidente así solamente le podía pasar a alguien como la pantera rosa o al coyote, o en su defecto el mismísimo Mr. Magoo? ¿O sería como esos chistes que contados fuera de contexto suenan agresivos y de mal gutso? ¿Habrían entendido que fue todo muy rápido y que no tuve el tiempo suficiente como para censurar mi reacción?
No, ninguna de mis explicaciones hubiera atenuado mi sentencia. A los ojos de Juez, de Testigo, de Ciego y de Fiscal nada de lo que yo pudiera hacer o decir haría cambiar su opinión sobre mi. No importaba cuan justificado me sentía yo. Todas mis explicaciones carecían de valor ante cualquier juez que no fuera Mi Conciencia.
RF: “Nada su Señoría, no tengo nada para decir en mi defensa.”
Juez: “Muy bien, entonces le otorgo pleno derecho a los señores Ciego, Testigo y Amigo a que consideren que usted es una persona cínica, sádica, egoísta y no solidaria. Y usted está sentenciado a aceptarlo, tolerarlo y resignarse a no poder hacer nada que atente contra este derecho adquirido. SERÁ JUSTICIA!”
Entendí que debía aceptar mi sentencia, cumplir mi condena y sobrevivir. Al fin y al cabo quien puede conformar a todos? ¿No es mejor elegir la batallas?
31 de enero de 2008
Noticias desde el Mundo del Revés
Estimada María Elena:
Te cuento que debo tener aproximadamente un año y pico de vida. Digo aproximadamente por que se me hace difícil saber con precisión mi edad. Pero esto no me preocupa, por que es algo muy común, que les pasa a todos.
El tema por el cual te escribo, y que me sí me tiene bastante angustiado es otro: tengo serios problemas de comunicación con todo el mundo. Yo hubiera pensado que a esta altura de mi vida estaría mucho más avanzado en esta materia, y siento que mis padres esperaban mucho más de mí. Sobre todo mi papá grande, que ya no me tiene paciencia y casi ni me habla y tampoco me juega.
Yo me hago entender bastante bien, digamos que tengo mi propio idioma, saben interpretar cuando quiero comer, cuando quiero dormir, jugar o cuando quiero salir a pasear.
Mi mamá es la única que se ocupa de mí. Pero creo yo que por obligación. Me da de comer, pero me deja el plato de comida y se va. Ya no juega conmigo. Nadie juega conmigo. Ni siquiera mi papá chico. Y no sé bien por qué.
Estuve pensando y llegué a la conclusión de que el problema es que no me gusta que me hablen bajito y en cambio sí me encanta cuando me gritan. Cuando mis papás se me acercan y me hablan bajito les pido que me hablen más fuerte. Pero para que me entiendan tengo que gritárselos bastante tiempo, y recién ahí empiezan a hablar fuerte, pero ponen cara fea. Yo enseguida dejo de gritar por que me gusta cuando hablan fuerte, pero se ve que a ellos no, por que siempre que lo hacen levantan la mano como si fueran a pegarme. Mi papá grande ya me pegó dos veces en la boca. A mi me dan ganas de morderlo cuando hace eso, pero no lo quiero lastimar. Yo soy chiquito pero igual tengo una mordida bastante fuerte. Además, todos mis amigos de la plaza que me contaron que mordieron a sus papás, al poco tiempo dejaron de llevarlos. Y tampoco los veo en su casa. Por ejemplo a Gastón, que vivía enfrente de la plaza y siempre estaba asomado a las rejas, por que vivía afuera de la casa junto con el auto, ya no lo veo más. Y él me contó que había mordido a su papá chico.
En fin, yo creo que uno de estos días me voy a escapar. Estoy armando un plan. Hay una ventana en el piso de arriba que me di cuenta que da al techo de la casa de al lado, y desde ese techo después puedo saltar a un árbol en la vereda que creo puedo destrepar fácilmente. El problema es que la ventana es un poco alta para mí, pero me estoy ejercitando, saltando mucho, y cada vez más alto. Ya me falta muy poquito para alcanzarla.
Bueno, no se si podré volver a escribirte, ya que no se cuál será mi suerte fuera de esta casa.
Te mando unas movidas de cola y unos lambeteos.
Un perro pequinés
24 de noviembre de 2007
Laberintos de un maximizador
En ocasiones lo práctico se convierte en episódico. Por lo menos eso fue lo que me pasó aquella tarde puntual de ese mes cualquiera.
Siempre tuve especial manía por maximizar el tiempo, organizando y planificando las variables que están bajo mi control para emprenderlas en el menor tiempo posible. Cuando uno encara un viaje doméstico por más corto que sea, elige la mejor combinatoria entre medios de locomoción y el camino a tomar, evaluando su longitud y dinámica de circulación. Yo tengo el hábito de aplicar esta mecánica en variados ámbitos de mi vida, no se bien si por diversión o por manía. A este cuestionamiento llegué un día en el que me reconocí resolviendo que al entrar al ascensor perdía menos tiempo si antes de marcar el botón del piso, presionaba el botón de cerrar puertas. El razonamiento aplicado es que si como primer paso se presiona el botón del piso, y recién después el de cerrar puertas, mientras se están cerrando las puertas, hay un tiempo muerto en el que lo único que se puede hacer es mirar cómo estas se cierran (tiempo absolutamente improductivo, ya que todas lo hacen de igual forma). Sin embargo si invertimos el orden de estas dos acciones imprescindibles el tiempo total se reduce a la mitad, ya que despues de presionar el botón cierra puertas, mientras las puertas se están cerrando, hay tiempo de presionar el botón del piso.
No tengo ninguna intención de ocultarlo o negarlo, tengo bien claro que este razonamiento es una pelotudez verdadera. Nunca leí el libro de Paenza “Matemática estás ahí”, pero no creo que llegue a razonamientos tan poco útiles como este. Por eso creo que soy del tipo maximizador maniático.
Y aquella tarde puntual de aquel mes cualquiera me encontraba cruzando la avenida 9 de Julio, acto que me colocó en una de esas situaciones de maximización de tiempos. Estaría exagerando un poco si dijera que no poder cruzar esta avenida en el tiempo de un semáforo me pone de muy muy mal humor, pero la realidad es que por lo menos un "la pucha sea" me arranca. Me parece absurdo tener que cruzar una calle en dos tandas (y poco me importa que sea la más ancha del mundo, lo cual no me consta), y por una cuestión de principios generalmente me rehúso a correr los últimos cuarenta metros para llegar en un solo semáforo. “A gentleman will walk but never run” dice Sting, y no se si es esto exactamente lo que pienso yo al respecto, pero se parece y me gusta citar frases ajenas, sea esta de Nietzsche o de Wanda Nara.
Entonces ahí estaba, cruzando esta avenida contra natura, detenido en la plazoleta a mitad de camino, coercionado por esa pedante luz roja. Ofuscado, impotente por no poder avanzar, imperaba en mí la necesidad de maximizar este tiempo muerto. No quiero ser grosero, pero necesito aclarar que aprovechar el tiempo de espera en un semáforo sacándose y amasando un moco, es una actividad socialmente aceptada para los conductores vehiculares, pero muy repudiable para un transeúnte. Entonces resolví que no me quedaría ahí haciendo equilibrio al borde de la vereda, abrazando con los dedos de los pies el borde del cordón, cual nadador agazapado en la tarima de su andarivel listo para volar hasta el agua. Ya que mi hoja de ruta me pedía caminar en dirección sur tres cuadras y dos hacia el oeste, decidí hacer por lo menos una de estas cuadras en dirección oeste, haciendo un corte longitudinal a la 9 de Julio.
En algunos tramos, entre carril de ida y carril de vuelta la 9 de Julio tiene una plazoleta de unos diez metros de ancho que invita a caminarla. Esto no pasa donde estaba yo. En este tramo, tiene unos tres metros de ancho, y está repleta de coloridos y bien alimentados arbustos. Claramente quien se encargó de esta parquización no tuvo la intención de darle circulación peatonal, y quién sabe con qué objetivo le hizo un ínfimo sendero que la atraviesa. Y por ínfimo me refiero a un caminito de asfalto de 15 cm de ancho, que la surca zigzagueante. Desde la ventanita del obelisco deben de verse un continuado degrandes Zs.
Entonces dejé de hacer equilibrio en el borde del cordón para empezar a hacerlo en este angosto sendero. Y empecé a caminar entre los arbustos entre los autos, haciendo equilibrio para no caerme fuera del sendero y quedar atrapado por la vegetación.
A cada metro que avanzaba en dirección oeste la parquización se hacía más tupida y más alta, hasta que de repente y sin saber bien cuando tornó selvática, y ya no pude ver, ni escuchar los autos, o los edificios, o la gente.
Seguí caminando.
El ruido de la ciudad se había transformado en silencio. No dejé de caminar, pero empecé a escuchar ese silencio.
No veía otra cosa que arbustos gigantes y el sendero que parecía no tener fin. Solo podía caminar derecho, y confiaba en que en algún momento llegaría a la otra esquina. Mientras seguía avanzando, el silencio se hacía más profundo. Era de por lo menos dos kilómetros.
Empecé a tener algo de intriga, también miedo, pero primero intriga. ¿Dónde estaban todos los autos, los edificios, la gente? En cualquier dirección que mirara estaba rodeado por enormes arbustos, hojas, ramas. Hacia los costados la profundidad visual era de un metro y medio, después era todo oscuro y no podía distinguir formas, pero el camino no terminaba y yo no me detenía. Seguí por el laberinto hasta que el camino se abrió en un área de descanso y me encontré con una mujer sentada en un banco de cemento y piedra, sin respaldo.
Tenía entre 50 y 60 años, estaba finamente vestida, y no pareció advertir mi llegada. Tenía un pedazo de pan en la mano, cortaba pedacitos y los tiraba suavemente al piso, no muy lejos del banco. Yo me quedé parado a un costado suyo, en silencio observándola, hasta que sin levantar la vista me preguntó si estaba perdido. Yo no supe la respuesta a su pregunta, así tardé en responder. Miré para todos lados, buscando sin buscar la respuesta, pero tampoco la encontré. Sólo había dos direcciones en las que podía caminar, retroceder y volver, o seguir avanzando en dirección oeste, por lo tanto difícilmente podría estar perdido. Pero aún no respondí.
- ¿Cómo llegaste hasta acá? – me preguntó mirándome fijo.
- Solamente caminé derecho.-
Supuse que mi respuesta no la conformó, por que se quedó mirándome, esperando que la ampliara. Examinó el resto de mi cuerpo, buscando alguna señal de repuesta a la pregunta que evidentemente yo no entendí. Me miró nuevamente a los ojos, dándome una última oportunidad. No pude aguantar su mirada y bajé la vista.
- Entonces llegaste por error – dijo finalmente. Agarró otro pedazo de pan y siguió tirando migajas al piso, sin mirarme.
Esa fue nuestar última interacción. Me sentí incómodó y seguí caminando, en dirección oeste, sin entender nada de lo que estaba pasando. Esa mujer, sus preguntas, los arbustos, el banco sin respaldo, el silencio... nada tenía sentido. Empecé a caminar cada vez más rápido. El laberinto de arbustos parecía no terminar nunca. Nada encajaba. Mi caminar rápido se transformó en un correr, y el correr en correr rápido. Solo quería llegar a la otra esquina, saltar al agua y nadar. Corrí, casi que volé hasta que finalmente llegué a la esquina, el semáforo estaba en verde, y así corriendo crucé el segundo tramo de la 9 de Julio.
Agitado, tratando de recuperar el aire, apoyado con las manos en las rodillas, en esa esquina que conocía, con el mar de gente y de autos que también conocía, me doy vuelta buscando el laberinto del cual había recién salido. Ahí estaba la 9 de Julio, sus autos, sus edificios y su plazoleta en el medio, con sus lindos arbustos de medio metro de alto. Todo conocido, nada raro, ningún rastro de los arbustos gigantes, del laberinto, del silencio, de la mujer ni del banco sin respaldo.
Caminé las dos cuadras dirección sur y la cuadra dirección oeste que me faltaban para llegar a mi destino doméstico.
Nunca más volví a encontrarme con aquella mujer, ni con los arbustos gigantes, ni con el silencio. Ahora intento no maximizar el tiempo. Busco aquel error.
9 de noviembre de 2007
Investigando mi alrededor I
Estoy convencido de que el mundo se va a separar en dos bandos. [Aunque L. Worringer opine distino, yo se que...] De un lado están los que al caminar solo pueden pisar dentro de las baldosas y del otro los que solo pueden avanzar si van pisando las líneas, los bordes de las baldosas.
Yo estoy en el bando de los pisadores de baldosas, y me intriga mucho saber qué bando es más numeroso. Lo voy a investigar...
de chico jugaba a...
…el hombre araña.
Entrecerrándo los ojos, apenas un poco antes de cerrarlos totalment, hay un punto exacto donde uno puede ver sus pestañas superiores e inferiores juntándose. Pero qué digo pestañas? si son telarañas y todo lo que se ve detrás es el mundo atrapado en en ellas. El mundo en tu telaraña hombrearaña...
… moto-cross
Exclusivo para viajes de ruta en auto o colectivo. Mirando por la ventana, a la misma velocidad que el auto, iba yo en una moto-cross, pero sin tocar el suelo, mi motocross flota, a la altura del horizonte, a no más de diez metros de lejanía, subiendo y bajando por el contorno del paisaje... solo lo podía hacer por que tenía una motocross, nunca lo hubiera podido hacer con una chopera o un ninja por ejemplo.
5 de noviembre de 2007
Cruces en el subte
A veces me asombra cuántas cosas suceden en un viaje en subte y que no alcanzamos a percibir o a entender.
Me subí en la primera estación. El vagón todavía semi-vacío cuando me senté, varios asientos sin siquiera un plan trabajar. Bueno, para no andar con pretenciosas metáforas coyunturales y ser más claros, había varios asientos, más de la mitad desocupados. El de mi izquierda lo estaba. A mi derecha sí había alguien sentado. Azul, no puedo decir nada más de mi vecino con quien tuve contacto físico en un 76% de la zona de mi brazo derecho que va desde el hombro hasta el codo, de la parte externa claro, y durante por lo menos 6 minutos, que es lo que debe tardar el subte en hacer tres estaciones.
No estaba especialmente atento a nada, jugaba con la birome y el folleto que había recibido casi sin darme cuenta, dibujaba líneas amorfas, cuando alguien se sienta a mi izquierda. Inferí por el largo de sus piernas, por su pantalón verde a rayas, sus botas, sus manos chicas, y su aroma, que era una mujer, joven y para darme el beneficio de la duda y la promesa de aventura decidí suponer que además era linda.
Por supuesto que no podía quedarme con esta duda, pero su proximidad en el espacio no me permitía mirar, inspeccionar sin ser descubierto. Mi alcance ocular, restringido por la imposibilidad de movilizar cualquier parte de mi cuerpo más que los ojos, solo me permitió registrar hasta la altura de sus hombros. Si bien no pude ver su cara, lo que sí vi fue de mi agrado.
Esta misión iba a requerir de una estrategia más extrema. Entonces pensé que si estuviera interesado en saber cuál era la estación en la cual el subte estaba detenido estaría justificado girar mi cuerpo en busca de esta información. La coartada era razonable. Entonces puse el plan en marcha. Giré, demasiado rápido para lo que era mi objetivo real, pero por temor a que éste fuera revelado, exageré la velocidad del movimiento. Apenas pude echar un vistazo de su cara. Con la vista proyectada por la ventanilla y perdida en algún lugar de la estación, toda mi inteligencia estaba puesta al servicio de la reconstrucción de esas escasas imágenes de su cara. Las únicas conclusiones que podía sacar eran sobre su pelo: castaño oscuro con algunas ondas, agradable; sobre sus facciones: proporcionadas, nada que se destacara; y la conclusión principal era que iba a necesitar que la segunda inspección, a mi regreso a mi posición original fuera más prolongada. Recordé mi coartada y para darle consistencia me agaché espasmódicamente dos veces, simulando no encontrar el cartel con el nombre de la estación. "Estación Leandro N. Alem". Ahí fue cuando recordé que estaba en la primera estación, y en la cual yo había subido.
Aun si no lo supiera, para qué podría yo necesitar saber el nombre de la estación en la que me había subido? Era absurdo, totalmente inconsistente. En ese instante me sentí desnudo, sin coartada que tape mis partes pudendas. A mitad de recorrido me quedaba desprotegido, desamparado. Por un segundo entré en pánico. Tenía que volver a mi posición original, y ella estaba demasiado cerca. Me acaloré.
Entonces como gato acorralado me acoracé de valor para pelear esta batalla. Decidí hacer un cambio drástico de estrategia. Orgulloso resolví abandonar aquel pretexto adolescente, y hacerme cargo de mis treinta y dos años, y aprovechar el aplomo y la seguridad que los años de experiencia me habían dado, o que al menos debieran haberlo hecho.
Hasta los 19 años, inclusive, siempre sentí vergüenza de que cualquier mujer de mi entorno supiera que a mi me gustaba alguna chica. Y que se enterara de mis sentimientos la mujer objeto de mi deseo era lo peor que me podía pasar. Está claro que me refiero a la típica vergüenza adolescente, nada extraño, pero lo particular es que yo tardé algo más de la cuenta en superarla. Y evidentemente no logré hacerlo por completo, si es que lo haga alguna vez.
Después de ese instante de lucidez, me llené de hombre de treinta y dos e inicié el camino de regreso, sin ningún prurito de que el objeto de mi aventura advirtiera mi intención. Más bien todo lo contrario, quería que sintiera mi presencia intencionada.
Con una sincronización perfecta sucedieron los siguientes eventos: empecé a girar mi cuerpo entero hacia el encuentro con mi víctima, arrancó el subte y mi vecina se inclina hacia adelante para levantarse.
Y el subte arrancó, y mi vecina se levantó y yo regresé a mi posición original, sentado rectamente, siguiendo todos sus nuevos movimientos. Finalmente vuelve a sentarse, ahora frente a mi, revelando la totalidad de su rostro para que yo pueda confirmar que efectivamente era linda. Bueno... agradable, interesante, no se si linda lo que uno dice linda como primer cualidad que la defina. Era atractiva, sin duda.
Pero quería un poco más. Si bien se había concretado mi objetivo inicial, que era conocerle la cara, mi estrategia de hombre de 32 era más ambiciosa. Con este nuevo plan, su levantada fue como un desaire, me hizo sentir como ultrajado, sin embargo no me amedrenté.
Busqué su mirada, hasta que registré que ella ya la estaba advirtiendo y evitando.
- “Perdón, debo tener un olor muy fuerte no?”- le dije rompiendo el vacío de voces. Se quedó mirándome fijo, desencajada, incomodada por la situación.
- “digo, como te levantaste del asiento al lado mio y te sentaste enfrente quizás sea por que había algo de mi que te molestaba” – Seguía mirándome fijo, sin saber cómo reaccionar.
- “Si, perdón por hablar de esto frente a los demás”- le dije adivinando su pensamiento e intentando ser simpático. Se sonrió.
- “No, no es por eso... no me di cuenta... me cambié de asiento por que me bajo de este lado... de hecho ya me bajo en la próxima... perdón”-
Se levantó muy apurada y se quedó parada junto a la puerta, deseando que se abrieran en ese mismo instante y tirarse.
Claramente yo no estaba muy contento con el resultado de mi estrategia. Pero más que rechazado, me sentía conflictuado por haberle hecho pasar un mal momento a esa desconocida. Solamente quise ser simpático y gracioso.
Entonces me acerqué para pedirle perdón, y decirle que no había querido incomodarla, que solamente intentaba ser agradable.
Sin siquiera mirarme, abrió las puertas y se tiró.
...
A la tercera estación me bajé. Choqué alternadamente con dos hombres y una mujer que venían muy apurados por no perderse el subte. Uno de los golpes, el que dio en mi brazo derecho, hizo que la birome que todavía tenía en mi mano dibujara una raya azul indeleble y amorfa en mi camisa.
Me di vuelta rápidamente, para ver quien había sido, para insultarlo o para descargar mi bronca de alguna forma aún no resuelta. Esta persona ya estaba dentro del subte, las puertas todavía no habían cerrado. Me quedo mirándolo. Miro mi camisa manchada. Mi agresor tenía la vista en el piso, esperando que el subte arrancara. Lo miro durante unos instantes más, suponiendo que en algún momento va a levantar su vista y hacerse cargo de lo que le había producido a mi camisa. No lo hizo, no por irresponsable, simplemente no lo advirtió. Él simplemente quería alcanzar el subte, que empezaba a irse.
Me quedé durante algunos segundos parado, sujetando el trozo damnificado de mi camisa.
Mi camisa estaba arruinada... cómo estará ahora mi fugaz vecina del subte?
30 de junio de 2006
Dogville, es alegoricamente bíblica?
Si todavía no viste esta película (Dogville), y si te gusta el teatro, y si estas dispuesto a ver en tele una pelicula de 3hs, que no tiene puesta en escena, ni decorado, ni nada más que dibujos en el piso y actores actuando como pocos, te sugiero que la veas antes de leer esta interpretación. Y que después de que la hayas visto vuelvas y empieces a leer desde acá >
...
Estoy totalmente loco o esta peli tiene una fuerte connotación biblica? No encuentro ningún comentario o interpretación que vaya por este lado, pero cuando terminé de verla quedé flasheado con esta visión. Lo que digo es lo siguiente: La pelicula relata un momento en la vida de una mujer Grace, donde esta chica representa la vida de Jesus, que llega al mundo (dogville) con la misión de salvarlo. En este pueblito están representados los distintos males, vicios, pecados de la humanidad de los cuales ella pretenderá salvarlos. Ella soporta todo, hasta la hacen llevar su propia cruz!!! Terrible esa imágen. Los deja que abusen de ella, por que les tiene lástima. Finalmente cuando su padre la encuentra (el capo mafia, que sinicamente sería Diós), le dice que lo que ella estaba haciendo no era ayudarlos, sino que los estaba tratando con sobervia, por que los trata como animales incapaces de hacerse cargo de sus errores. Recordemos cuando Jesus le dice a Diós: "perdónalos padre, por que no saben lo que hacen". Entonces Grace entiende que no los estuvo ayudando, y decide considerarlos como seres humanos responsables de sus actos. Decide salvarlos, como jesus hizo al morir en la cruz, decide salvarlos y LOS MATA A TODOS!!!! Increíble!!! Von Trier es realmente un genio, cómo puede hacer una genialidad como esta? Estoy totalemte loco o alguien piensa como yo y cree que fue esto lo que quizo hacer este señor? En fin, esto nunca lo voy a saber, pero me alcanza con que a mi me haya flasheado esta locura, para que sea en mi apreciación creo la mejor peli que haya visto nunca... dios que peli!!!!
