23 de julio de 2008

Nuestro amor en los tiempos del cólera

Advertencia al querido lector: quienes se consideren sensibles o fácilmente irritables por crudas y reiteradas imágenes escatológicas les recomiendo abstenerse de continuar con la lectura en este mismo instante. Como dice mi amigo el turco, en este relato abundalacaca.


Por lo general los hombres tenemos, en mayor o menor grado, una simpatía con lo producido por el ano propio que las mujeres no poseen. A diferencia de ellas, no solo no nos avergonzamos de nuesto PBI, sino que hasta nos jactamos de él. Siempre que la ocación lo amerita, cuento orgulloso la historia de un amigo que en una ocación, dado el tamaño de su producción fécal, tuvo que valerse de su victorinox para diseccionar al cuerpo varado, y permitirle así continuar con su cauce cloacal. [Y declaro bajo juramente que me estoy refiriendo a un amigo.]

En lo personal, se podría decir que tengo una relación religiosa con el tema, dedicándole a la expulsión de mis cuerpos residuales una frecuencia diaria. Salvo situaciones de fuerza mayor, se me puede encontrar todos los días, a la misma hora y en el mismo canal, calentando la misma tabla.

En lo que respecta a las relaciones entre el hombre y la mujer, el manejo del tema es un indicador muy contundente sobre el grado de avance en la misma. En mi opinión una relación no puede considerarse poseedora de verdadera intimidad, y no me refiero a intimidad sexual, hasta que ella no oiga y huela la música y bálsamo de los flatos de él. Deponer (que es una palabra que tengo en gracia) con la puerta del baño abierta, al tiempo que se mantiene una conversación con la pareja en otro ambiente de la casa, es otro síntoma de buena salud en la misma. Y tener esta conversación, con la pareja dentro del baño durante el acto denota un grado de maduración todavía mayor. Y si me permiten, el evento escatológico máximo al que una pareja pueda aspirar, como símbolo de estado de bienestar conyugal completo, es cuando ella le ofrenda su flatulencia a la pareja. Mujer que permitió al hombre conocer sus ventocidades, es mujer que se entregó en cuerpo y alma a su pareja.

Según internet, una flatulencia es un exceso de gases acumulados en el aparato digestivo. Este sería un estudio técnico y anatómico del mismo, pero además de estos, existen al respecto estudios sociológicos aplicados al estado de ánimo del individuo. Luego de algunos años de convivencia, ya puedo considerar a mi pareja una estudiosa del tema, y me tomo la libertad de compartir algunas de sus conclusiones. En alguna ocación me ha dicho: "Yo me doy cuenta de que ya no seguís enojado conmigo cuando te tirás un pedo. Por que cuando estás enojado nunca te tirás." Qué observadora, pensé. Y tiene razón. Aunque ella todavía lo niegue, mi conclusión es que indirectamente me está diciendo que quiere que lo haga más asiduamente.

En fin, todas estas disquisiciones tienen por objeto poner el marco adecuado a la situación que quería relatar.

El hecho inició hace cuatro sábados, a la mañana temprano. A pesar de la millonada de veces que depuse en mi vida, jamás de los jamaces tapé un inodoro. Pero todo tiene una primera vez y esa fue la mía. Afortunadamente para la situación, el objeto obstructor fue lo último en retirarse del inodoro, por lo tanto no hubo restos flotantes que me advirtieran del piquete. Sólo me enteré del incidente la siguiente vez que tiré la cadena. Simplemente el agua no se iba. No hice nada al respecto, sólo regresé al tiempo para ver si había evacuado. A los quince minutos el agua había bajado, pero no al nivel esperado. Volví a los diez minutos, cuando sí lo hubo hecho, con un balde de agua, para aplicar mayor presión y así desobstaculizar el paso. No tuve éxito, y decidí dejarlo así, con el agua casi al borde, deseando que por algún proceso químico, con el tiempo el agua fuera desintegrando la columna piquetera. Mientras tanto: baño clausurado. Mis necesidades urinarias de manera provisoria tuve que resolverlas en la bacha del lavadero. Mi altura y la maniobrabilidad del agente lo permitieron.

Al día siguiente, a pesar de mis anhelos, nada había evolucionado. Todo seguía igual de obstinado. La única diferencia era que mis necesidades religiosas exacerbaban mis nervios, y mis nervios por algún mecanísmo diabólico exacerbaban mis necesidades. Esforcé mi ingenio, busqué un alambre largo y repliqué lo que yo imaginaba era la forma de los conductos del desagüe. Lo introduje, de forma que por la curvatura que le había dado, entraba, giraba y subía del otro lado, por el conducto no visible. Lo metí tan profundo como pude, evitanto me mi mano se sumerja en el agua. Lo moví, buscando hacer contacto, pero no encontré mi objetivo. Necesitaba llegar más profundo, y para esto era imprescindible sumergir mi mano... dentro del agua estancada. Todavía mi dignidad era mayor a mi urgencia. En un nuevo rapto de lucidez pensé en utilizar los guantes de goma de la cocina.

"Carajo mierda" pensé, como es posible que en una casa no haya guantes de goma. Desistí por el momento, y nos fuimos a almorzar a lo de mi cuñada. A nuestro regreso mi mujer me pregunta:

- ¿Y por que no fuiste en lo de mi hermana?
- ¿Estás loca, viste lo que es ese departamento? Es 2 x 2, y el baño casi que está adentro del living.-

Además una vez sí lo hice ahí, y es el día de hoy que cada vez que voy ese baño, o mi cuñada o el novio, me advierten con sorna que tengo vedadas cierto tipo de prácticas en ese recinto. Por lo tanto, cuando voy a su casa, ni siquiera meo con tal de no dar pié al gaste fácil.

Regresamos, y no solo ese maldito inodoro no mostraba progreso alguno, sino que además yo había recargado mi estómago de alimentos a procesar. Digamos que yo no soy un come-caga-sin-escalas de pura cepa, pero tampoco estoy tan lejos es este paradigma.

En el momento en el que uno se olvida que tiene la imperiosa necesidad de descargar el peso excedente, mágicamente el malestar desaparece, pero en el momento en el que lo recuerda se renueva la urgencia de manera perentoria. Y así estaba, de rodillas en los mosaicos del baño, moviendo espasmódicamente el alambre que tenía mi mano, desprotegida bajo el agua estancada, y con la sopapa en la otra, luchando en absoluta desventaja contra el enemigo invisible. Pero ningún avance, ningún signo de progreso.

Un cocktel implosivo de frustración, impotencia y muchas pero muchas ganas de relajar efínteres, sin piedad por el calzón que atestiguara la avalancha, hizo que me sentara abatido en el piso del baño, casi a punto de llorar. Invoqué al mecanismo de no pensar en el asunto, y decidí hacer lo mismo hasta el día siguiente, cuando viniera un plomero salvador.

Me levanté en paz conmigo mismo. Sin embargo antes de darme por vencido se me ocurrió un último intento. Recurrir a la biblia de nuestros tiempo. "Google me va a destapar el baño" sentencié con cadencia épica. "como destapar inodoros"... + la palábra mágica: "buscar"... y voilá: "Personalizado Resultados 1 - 10 de aproximadamente 279.000 de como destapar inodoros. (0,30 segundos)". Impresionante, cómo no lo pensé antes!

Después de investigar foros, wikis, pdfs y demás bibliografía descarté la opción del ácido muriatico, si no tenía guantes de goma... que chances había de tener ácido muriatico? Finalmente, la receta más convincente y accesible fue la de hervir agua con sal, y hecharla al inodoro.

Eran aproximadamente las siete de la tarde cuando inicié la implementación de mi última esperanza. Tomé la cacerola llena de agua hirviendo y salitrosa, con una vehemencia memorable volqué todo el contenido al inodoro y retrocedí un paso para ver en acción mi elixir liberador. Aguardé con paciencia unos instantes, esperando que empezara actuar. Seguí esperando, hasta que no pude más que reconocer mi derrota. Todo seguía igual, el agua descanzaba plácidamente en mi inodoro.

Volví, con la cabeza gacha, determinado a terminar aquel día sin deposición. Me senté a ver tele, con la computadora al lado y con la radio prendida. Todo lo que tenía al alcance para entretener mis pensamientos lo pensaba utilizar. Lo intenté, y por un momento realmente pensé que lo lograría. Pero las misiones imposibles, solo no lo son tal para Tom Cruise, Jack Bauer o James Bond. Para mi, tanto como para el resto de los mortales, lo imposible por más que lo intentemos, es IMPOSIBLE.

- Basta!!!! No aguanto más, me voy a cagar al Mc Donalds!!!!!!!- grité, feliz con mi idea liberadora.
- ¿Al Mc Donalds??? Pero es un asco, deben estar re sucios esos baños, si deben pasar por ahí como 700 pendejos por minuto.
- ¿Un asco? ¿Vos estas loca? Se ve que no sos cagadora de baño público! Lo baños de mc donalds son de lo mejor que hay en el mercado, ¿cómo no se me ocurrió antes? Chau, me fui.-
- Ay, no me traes un mc swing ya que vas? dale, porfi!- me pidió, feliz con su ocurrencia, saboreando su imágen mental del helado. Yo accedí sin dudarlo, solo me quería ir al encuentro del mesías.

Fui corriendo al cuarto a buscar una campera, y cuando iba de salida, al pasar por el baño se me ocurrió darle la última oportunidad. Entro y encuentro al inodoro vacío. Hacía menos de cinco minutos que lo había dejado con el agua hasta el cuello, y se había vaciado demasiado rápido como para estar obstruido. Al parecer, mi experimento había funcionado. Pero tenía que corroborarlo. Tiré la cadena, y el agua cayó desde los bordes, hizo remolino y desaparecio por su cauce natural, como si así lo hubiera hecho siempre.

- Gorda se arregló!!!!!!!!!!!! Se destapó el inodoro!!!!!!!!- Fui hasta la cocina para compartir con ella mi felicidad, que era plena. Pero en su cara, a pesar de querer mostrarse contenta, no podía ocultar un puchero de decepción. - ¿Qué pasa?- le pregunté.
- Nada... es que me había hecho ilusiones de comer un mc swing-

Y tenía una desilución tan sincera, que me conmovió.

- Bueno... dejame que me hecho un garco y te lo voy a comprar.

Me senté y disfruté como pocas veces la gracia divina de deponer. Una vez liberado, me abrigué, subí al escarabajo y manejé liviano las cuarenta cuadras, en busca del helado que le devolvería a ella la sonrisa que a mi ya me había devuelto la caca.

Cagar y comer bien, nuestras las claves de amor.


16 de julio de 2008

Premio Brillante Blog: a Ciega a Citas Chapeau



Los pongo en auto a los que no están al tanto del premio. En resumen, la dinámica de los premios bloggers (hay varios de estos premios en la blogosfera) es que un blogger que recibe el premio elije premiar a 7 más y mencionar y agradecer a quien se lo otorgó. Y así fluirá la cadena expansiva.



Como siempre y en todo ámbito están los detractores de este tipo de acciones, diciendo que son meras excusas para lograr difusión y viralidad. Y por supuesto que lo es. Seguramente son los mismos que, con absoluta razón, y adolescente rebeldía si me permiten, sentencia de viles herramientas comerciales creadas por cerdos capitalistas a esos días festivos del tipo día del amigo, de los novios, del niño, de la cerveza, etc etc.

Y así como me dejo abusar por los cerdos capitalistas festejando cuanto día festivo tenga gana, gustoso participo de la cadena del premio blog. Por lo tanto, aquí voy, cumpliendo con los pasos.





El agradecimiento
Es para Porteñita, que en su blog el tunel de mis piernas utilizó algunas de sus líneas para llenarla de lindas palabras para conmigo y otorgarme este premio. Cito: "...Red Fish escribe cuentos, y de los más lindos. Lo conocí por estar en el Blogroll de Ciega a Citas. Y con tremenda referencia, aún así me sorprendió." Porteñita, muchas gracias, muchas, muchas. Totales, totales.



Mis premiados son:
Nuevamente, una pequeña mención para los que no están en tema. Ciega a Citas es por escándalo el blog del año, y no me animo a decir más por que no estuve en la blogósfera en las épocas de Casciari o Lola Copacabana. Es un blog en el que la autora postea a diario un episodio de su protagonista, de unos 30 años, entrada en kilitos, buscando un novio de verdad para llevar al casamiento de su hermana y que su madre pierda su apuesta: Lucía Gonzalez. La autora lo vende como un blog autobiográfico, y cierto o no, a principios de año según ella me comentara tenía un promedio de 3000 visitas diarias y escuché por ahí terminó con 8K. Nada más que decir, quien tenga algo que criticarle a este blog que se lave la boca. Ficción o no, yo me rindo a sus pies, y creo no cabe otra actitud. Si alguien no sabe lo que significa conseguir una pauta publicitaria para un medio online, se lo informo, es poco menos que imposible. Este blog consiguió 2 de primera línea, y sin estrategia ni equipo comercial. Su autora es una verdadera genia, y su producto un rotundo éxito.
Dicho estos datos inapelables, daré mi opinión y contaré algunas historias personales sobre este blog. Lo encontré a principios de año, enero / febrero. No soy de la primera primerisima hora pero... tampoco de gilada. Reconozco que al principió compre todo lo que el blog tenía para dar. Todo todo. Me enganché con la historia, leí los capitulos de archivo y comentaba con cierta frecuencia los posteos. Me gustó su forma dinámica, ágil y entretenida de escribir. Me pareció tan bueno el blog que le ofrecí editarlo en un libro. Chan! Si, no fui el primero en leerlo, pero sí en ofrecerle hacer un libro. Pero no, no tengo nada que ver con el que finalmente va a publicar. Lamentablemente para mi cuñada, editora de una de las principales editoriales, no tuvo la misma visión que yo y se durmió. Dado que no estoy revelando ninguna novedad y a esta altura es anecdótico comparto con ustedes algunos de los mails que nos cruzamos. Aquí el primero:


Lucía González para usuario
Mi blog tiene 3 meses nada más, así que no, nadie me ofreció algo así. Igual, es tan intrincado, complicado, etc etc, que ni me imagino que lo puedan publicar. Si querés pasale el link, yo encantada y agradecida, pero te repito, esas cosas no suceden (ja! o al menos a mí)

Beso

LG



Y como dije antes, en un principio compré todo, y le creí todo. Con un mail como este, cómo no creerle?Con el tiempo y los innumerables relatos de situaciones inverosímiles fui apostando la ficcionalidad del personaje Lucía González (LG). Así como me fui alejando de esta ensoñación también fui distanciándome de la dinámica de comentar en el blog. La cantidad creciente de lectores y comentaristas obligaban casi una dedicación full time como para poder seguir el hilo de los comentario y no opinar algo descolgado, repetivo y sin sentido. Aunque LG dice leer todos lo comentario, me tomo la atribución de dudarlo, no por su mala voluntad, por una cuestión de volumen. Leer 1000 comentarios por día???



La evolución, conversión y dinámica de los comentaristas creo que merece un libro aparte. Un libro que en su temario debería dar cuenta de temas como: el día que sobrepasaron los mil comentarios; cuando los comentarios se transforman en una sala de chat; blogs dedicados a debatir sobre este blog (cual panel de discusión de gran hermano); blog paralelo de la comunidad de LG; fiesta de encuentro de comentaristas; comentaristas exiliados en blogs paralelos peleados con su mamá [sic]... En fin, sociologos a su juego los llamaron! Si no encuentran tema de tésis acá no se donde...



En cuanto a la verdadera identidad de LG, mucho dicen que la real autora del blog es Carolina Aguirre, autora del exitoso blog Bestiaria (con publicación editorial en puerta). En el blog de desterrados de Ciega están convencidos de esto. A mi no me consta, y tampoco he investigado el tema, pero no lo creo. En mi opinión, LG es un personaje basado en la vida real de su autora (que no sería C.A.). Mucho de lo que relata le creo sea cierto, aunque no un 90% como tal como ella me dijera. De hecho toda la resolución de la "novela" creo que es absolutamente ficción.



Por cómo se resolvieron las situaciones, es muy probable que hace mucho tuviera planificado el final, y que fuera tejiendo los episodios para llegar a él. Aunque dejé de participar activamente no dejé de leerlo. Personalmente no me gustó el final, me pareció previsible, irreal y simplista. En cuanto a los últimos posteas, en los que ella publica relatos que los lectores le enviaron, contando sus vivencias y cómo les afecto el blog, podría apostar que fue todo una idea y propuesta de su editorial. Todo esto último fueron decisiones que no comulgan con mi gusto personal pero... fueron un éxito. Así que nuevamente chapeau!





2) Principio de Incertidumbres - diario poco intimo de una mujer emocionalmente insegura

Tal como anticipa su bajada Noel utiliza este blog como diario íntimo. Es un blog, como los hay muchos, de una mujer soltera en sus 30s. Podría decir que es una versión de carne y hueso y más alcanzable de Ciega. Postea a diario, no pretende narrar grandes historias, pero escribe bien y cada tanto hay relatos entretenidos, y 100% reales. Es un diario íntimo.



3) Vida Malizia - aventuras y desventuras de una mujer soltera, que ni piensa en casarse.

Este blog, obviamente tiene la misma línea que los dos anteriores, y es una mezcla de ambos. Su autora (escritora), escribe relatos reales sobre su vida. Escribe muy bien. No es un diario, son todos relatos / cuentos. También muy recomendable.



4) El detonado Astral - Cuentos y relatos de Gustavo Tisera

Gustavo tiene el brillante don de decir mucho con pocas palabras en sus cuentos y relatos, y además el superpoder de decir muchísimo más con aún menos palabras cuando nos regala sus microcuentos. Soy un gran fanático de sus microcuentos. No se los pierdan.



5) Tan Versatil Como Acústica

Andrea Durlacher es en mi opinión otra niña prodigia. Escribe reflexiones, pequeñas píldoras de brillantez. Yo la imagino con una cervatana lanzando sus silenciosos dardos de sabiduría. Concretos, precisos y certeros.



6) Mi mente de locura y pasión

La Princesa de la Locura hace lo más parecido que pude encontrar en un blog a una Instalación Artística. Poemas + reflexiones + imágenes + construcción del espacio componen sus posteos. Hace mucho que no publica, desde aquí mi granito para que lo haga.



7) Pájaro en mano - la vida con un príncipe azul

Elena dice "Basta de blogs de ingratas minas solas. ¡Estar felizmente en pareja es mucho peor! ". Suficiente para saber de que va este blog. Muy divertido, bien escrito.









And that's all folks!

3 de julio de 2008

De la Bella Italia a la Selva Chaqueña Argentina - Capítulo II

Nota del editor: Este es el segundo extracto del libro "De la Bella Italia a la Selva Chaqueña Argentina" escrito por mi bisabuelo, relatando la historia verídica de su inmigración. A quien no leyó el primer capítulo le recomiendo hacerlo.


Un buen día nuestro padre nos reúne a todos los familiares para decirnos que había resuelto, dada la difícil situación en que habíamos quedado luego de la inundación y varios años de malas cosechas, hacer un viaje a la Argentina, en busca de mejoras para todos. De acuerdo a las informaciones recogidas, en aquella época era fácil conseguir tierras cedidas por el gobierno para trabajarlas o dedicarse a otras industrias. En tales circunstancias se resolvió que yo debería acompañarlo en el viaje, mientras que mi hermano que era mayor quedaría a cargo de la familia, hasta que mi padre consiguiese ubicación para todos.

Todas las miradas se concentraron en mí como inquiriéndome si me animaba a acompañarlo como él había dispuesto. Tenía yo a la sazón trece años y comprendía ya muy bien cuál era nuestra situación, y con la esperanza que la suerte nos acompañara, le contesté que lo acompañaría con gusto, hasta el lugar donde reunirnos todos, para labrar un porvenir mejor y venturoso pasar. Fue tan grande la satisfacción de mis familiares al escuchar mis palabras que me llenaron de besos, colmándose de alegría al ver que ya tan jovencito pensara en nuestro bienestar y futuro. Es por eso que les puedo asegurar que tal vez sea el único entre nosotros que no tuvo infancia.

Una vez que mi padre hubo planeado el viaje y conseguido los documentos necesarios para el mismo, vendió parte de los cereales y animales, lo que le permitió viajar con algún peculio, dejando el resto a cargo de mi hermano, para que siguiera explotando la granja y cuidando de la familia.

Terminados los preparativos, el 20 de setiembre de 1885, aguardamos ansiosos el 22, fehca inicial de nuestro viaja a América.

Esos dos días los dedicamos a las despedidas. Pueden ustedes imaginar los cuadros de éstas. ¡En esa época 1885! En que se confundían en apretado abrazo la alegría y el dolor producido por la separación brusca, luego de vivir treinta y tres años en ese pueblo, chico por cierto, pero tan lleno de afectos; en el que los habitantes todos nos considerábamos miembros de una gran familia. Allí si que era real aquello de “todos para uno y uno para todos”.

A las cinco de la mañana ya nos esperaba el coche en la puerta, vehículo de época tirado por dos caballos. La última despedida fue tan rápida como grande la emoción. Mi madre fue la última en despedirme. ¡Qué feliz recuerdo conservo de ese momento! Su abrazo, sus besos y su bello rostro bañado en lágrimas que me trasuntaban el más grande amor de mi vida. Pronto, muy pronto perdimos de vista a todos los que afectuosamente nos saludaban con sus pañuelos en alto.

Llegamos con el coche a la estación ferroviaria de Legnagno, cuyo tren debía llevarnos directamente a Génova. Una vez despedidos de mi hermano, papá le volvió a recomendar el cuidado del resto de la familia y que no dejara de contestar a las cartas de acuerdo a la dirección que le enviáramos. Con una tremenda pitada de la máquina que anunciaba la partida del convoy, con el pañuelo en alto nos dimos el último ¡hasta siempre hermano!

Cuanto más nos alejábamos más aumentaba mi dolor, deslizándose por mis mejillas gruesos lagrimones en un profundo silencio. Al notarlo mi padre me atrajo a su lado y acariciándome me dijo que no debía llorar, que la separación sería breve. Eso me tranquilizó, lo mismo que observar a nuestro lado gran cantidad de gente que viajaba al Brasil, habiendo entre ellos de todas las edades. Minutos después todo había cambiado, pues muchos comenzaron a cantar alegres canciones alegóricas referentes a la recolección del café, trasuntando sus rostros la alegría de ira hacia el país del café, donde podrían saborearlo a gusto, cosa que no podían hacer en Italia, pues solo gustaban de él diariamente los ricos.

En Génova nos alojamos en un hotel cercano al puerto, separándonos del resto del pasaje del tren que viajaba a Brasil por cuenta del gobierno de ese país. Nosotros lo hacíamos por cuenta propia, pues a la Argentina en ese entonces no había inmigración organizada.

El día 23 a las dos de la tarde en el vapor Sirio zarpábamos de Génova rumbo a Buenos Aires, levando anclas con un total de tres mil pasajeros. Debemos tener en cuenta que entonces los barcos carecían de las comodidades que tienen los actuales. Por ejemplo no tenían conservadoras frigoríficas, razón por la cual debían llevar unos veinte vacunos para faenar diariamente. Además transportaban dos vacas con cría, que suministraban la leche necesaria para los niños y enfermos. A propósito recuerdo que gracias a un ardid mío pudimos tomar café con leche todos los días, pues diariamente recogía la que el repartidor me daba para “mi hermanito”.

En cuanto a las comidas si bien eran abundantes, distaban mucho de tener el gusto y la higiene con los que se preparaban en mi hogar.

El primer puerto al que arribamos fue el de Barcelona, luego Cádiz y otros que ya no recuerdo, antes de llegar al de Río de Janeiro, en Brasil.

Lo que más tristeza me causaba era la llegada de la noche, cuando acostado añoraba a mi madre que todas las noches me despedía con un beso y me abrigaba más con su cariño que con las cobijas. En ese momento me sentía tan desvalido que me echaba a llorar amargamente en silencio, habiendo llegado a maldecir a Cristóbal Colón por haber descubierto América. Sólo la esperanza de hallar un porvenir venturoso me alentaba y mantenía firma y decidido frente a tanta adversidad emocional.

La suerte nos acompañó, pues a pesar de haberse registrado casos de tifus, unos cuatro o más han tenido la desgracia de ir a parar al fondo del mar. A causa de ello las autoridades del barco tomaron medidas mejorando la higiene y las comidas.

Después de un mes de viaje cruzamos el Ecuador, donde llovía cada dos por tres. Pocos días después entrábamos en la bahía de Río de Janeiro. Me causó admiración la existencia en el puerto de una gran cantidad de negros motas, que desde sus botes se arrojaban al fondo del mar a recoger las monedas que traían entre sus dientes y que alguien del pasaje había arrojado al mar exprofeso.

El aspecto de la ciudad recostada en la inmensa bahía presentaba una visión hermosa y deslumbrante con un fondo de montañas. El pasaje todo se hallaba en la cubierta del barco donde apenas cabía. En mi afán por verlo todo me agarré de la cadena del timón, mientras me hallaba sentado en la baranda y el barco había maniobras de atraque, que observaba absorto, no dándome cuenta que mi mano con la cadena se deslizaban hacia una polea hasta que un intenso dolor me lo advirtió, di un salto y un tirón que hicieron zafar mi mano de tal situación, que de seguir me la hubiera amputado seguramente. Perdí el conocimiento y mucha sangre. El médico de abordo me practicó las primeras curas, evitándome con ello una infección segura o posible gangrena. Esta fue nuestra primera mala suerte en nuestro viaja a esas tierras de promisión y esperanza.

El 28 de octubre avistamos por primera vez Buenos Aires. Al llegar a la rada el barco fondeó a la espera de la inspección sanitaria que debían practicar las autoridades argentinas. Éstas no permitieron al mismo entrar por los casos de tifoidea que habían ocurrido, obligándonos a trasladarnos en pequeñas embarcaciones hasta la isla de Martín García, donde estuvimos al rededor de diez días, durante los cuales fuimos tratados muy bien, ya que además de someternos a diversos tratamientos con desinfectantes, nos hicieron bañar, cosa que no pudimos hacer desde que salimos de casa, treinta y seis días antes, por carecer abordo de comodidades para ello, excepción hecha para los de primera clase.

Al undécimo día regresamos a Buenos Aires, alojándonos en el hotel para inmigrantes, para ser distribuidos en el interior del país y dedicarnos a tareas rurales. En esta ciudad me ofrecieron trabajo en varios comercios con la promesa de habilitación cuando adquiriera conocimientos y experiencia en ello. A mi me hubiera gustado, pero ¿dónde quedaría mi padre?. Sólo y trabajando lejos de mí... Era un hombre habituado a dirigir trabajadores rurales más que a trabajar personalmente.

Pasados unos días mi padre había conseguido pasajes para ir a La Plata, de reciente fundación y de la que según informes recogidos sería llamada a ser una gran ciudad en el futuro. Pero hete aquí que el destino, la ignorancia de conocimientos geográficos de esa época y la ambición canallesca de ciertos individuos, torcieron y cambiaron nuestro camino elegido, la futura capital de la primer provincia Argentina.

Como nosotros no conocíamos nada, tanto nos daba ir allí como a cualquier otra parte. Imagínense cuál hubiera sido nuestro porvenir de haber adquirido tierras en las proximidades de la ciudad que se convertiría poco después en capital de la provincia de Buenos Aires.

Mi padre preguntó su parecer respecto a nuestro lugar de destino a un empleado del hotel, el que seguramente era un sinvergüenza, pues le contestó: ¿qué íbamos a hacer en un lugar donde no había trabajo? Mi padre quedó pensativo y el empleado continuó diciéndole: donde Ud. debe ir es al Chaco y especialmente a las Palmas, donde hay una gran colonia italiana con una fábrica de azucar, con tierra excelente y un inmejorable clima. Al preguntarle si era un pueblo bien formado con médicos, igelesia y todo lo necesario, respondió: es una gran ciudad en marcha. Al oir esto mi padre quedó amargado y le manifestó: ¿Y ahora qué puedo hacer que ya tengo los pasajes para La Plata?, respondiéndole que él se los cambiaba. Mi padre pensó que sería un hombre honesto y aceptó más que ligero la propuesta, pensando que la suerte le sonreía y la fortuna le prodigaría a manos llenas sus frutos. Después de un tiempo vinimos a enterarnos de la verdad sobre el interés que tenía ese empleado por mandarnos al Chaco. La compañía azucarera le pagaba cinco pesos por cada inmigrante que mandara.

Salimos en barco aguas arriba hacia el hermoso río Paraná. Al cuarto día de viaje le manifesté a mi padre que estaba seguro de que ese individuo nos había engañado, y todos quedamos pensativos; cuando de pronto y sin saber porqué el vapor detuvo su marcha cerca de la orilla izquierda del río, ordenándonos que bajáramos, que habíamos llegado al puerto Las Palmas. No me explico porque llamaban así a un lugar donde lo único que había eran pajonales.

La impresión de que habíamos sido engañados la confirmarmos poco después, al ver que aquello no era nada más que una selva donde ni siquiera había huellas de vehículos, sino toan solo senderos que transitaban peones o indios. Nos llevaron en un carro tirado por bueyes durante cuatro horas hasta que llegamos a un gran galpón de chapas, nuestro destino.